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3 de mayo: Día Mundial de la Libertad de Prensa

Este martes se celebra internacionalmente esta fecha tan importante

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Este 3 de mayo se celebra internacionalmente el Día de la Libertad de Prensa. Desde hace algunas décadas, este derecho y sus reales actores, los periodistas, son honrados en su vital quehacer cotidiano. Cabe, sin lugar a dudas, evaluar en qué contexto se ha desenvuelto la prensa en los últimos años, con el mundo asediado por dos grandes guerras. La primera fue la pandemia del coronavirus.

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La misma que universalizó contagios y muertes por millones, quebrantos comerciales, miedos e incertidumbres, además de modelos de trabajo a distancia ya incorporados como definitivos. Las fantasmagóricas sombras que proyectó el Covid aún flotan entre nosotros, así como los renovados interrogantes sobre la fragilidad de la condición humana. Parece claro que las consecuencias de una pandemia que aún no retrocede del todo todavía no están debidamente mensuradas.

La otra guerra se desató con la invasión de Rusia a Ucrania, que nadie sabe cuándo ni cómo ha de concluir. De cualquier modo, la barbarie a la que asistimos a diario pesa sobre los hombres y mujeres del planeta, con su carga de muerte y destrucción. Cuando hechos de esta gravedad sacuden al mundo, la prensa renueva su compromiso de contar lo que sucede, y con vocación de servicio inequívoca los periodistas asumen los riesgos que representa narrar los acontecimientos desde el lugar de los hechos, día a día, siguiendo de cerca el curso de la historia.

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La tarea del periodista, por supuesto, no se desarrolla en condiciones ideales, sino que se despliega tanto en los frentes de batalla como en las calles, en los centros urbanos como en los rurales. Del otro lado hay una sociedad que hoy está no solo expectante, sino también abrumada por una realidad que entendía ya superada, y que asiste a los horrores de la guerra a través de crónicas y fotografías que reflejan la muerte, la destrucción y el dolor humano.

La prensa libre trata de ofrecer la crónica de los hechos, información, valoración, opinión, para reflejar desde distintos ángulos la verdad de los acontecimientos. A lo largo y ancho del mundo, esta tarea de acercarse a la verdad para después contarla es asumida muchas veces en condiciones de verdadero riesgo. Hay presiones sobre los periodistas y sus familiares, desapariciones, asesinatos por encargo, atentados a los medios, acoso judicial, estigmatizaciones.

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En muchos puntos del globo la prensa ejerce su misión en medio un clima donde el poder, los intereses económicos, el vandalismo de la droga y la corrupción tejen marañas que privan a los ciudadanos libres del acceso a la información. Tomemos dos ejemplos, distantes geográficamente, que sin embargo confluyen en lo mismo. El primero, Ucrania, que a través de sus organismos oficiales constató la muerte de 21 periodistas desde el inicio de la guerra.

Además de nueve heridos y quince desaparecidos y/o secuestrados. Asimismo, se contabilizaron 243 ataques contra instalaciones de medios de comunicación. El segundo, América. Según las informaciones y conclusiones a las que llegó la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) recientemente, en los últimos seis meses hubo un fuerte incremento de ataques a medios de comunicación, encarcelamientos, exilios forzados, secuestros y torturas a periodistas.

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Todo dio como resultado la muerte de quince de ellos en México, Haití, Guatemala y Honduras. Estos ataques violentos expresan modelos que atentan abiertamente contra la libertad de prensa y el acceso a la información. Estas fuerzas no respetan límites geográficos, existen en todo el mundo y jaquean a la profesión utilizando el miedo, la extorsión y las amenazas de muerte, cuanto menos.

En muchos países ser periodista implica hoy un grave riesgo de vida no solo para el hombre de prensa, sino también para su familia. Esta realidad nos llama a advertir que la defensa y el ejercicio de una irrestricta libertad de prensa necesitan del apoyo de los ciudadanos frente a los poderes que buscan acallarla, que en muchos casos gozan de la estructura del Estado. Solo así se podrá hacer efectivo el sagrado derecho al libre acceso a la información.

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