El Gobierno apuesta a conseguir algo de tranquilidad cambiaria para las próximas semanas hasta que el directorio del Fondo Monetario Internacional termine por dar su aprobación final al programa nuevo, con el que el Banco Central recibiría una inyección relevante de divisas para sus reservas. Despejada la incógnita sobre el monto total del acuerdo, queda por conocer la secuencia con la que sería desembolsado.
De esa cifra fina, que también se mantiene en reserva tanto en el Poder Ejecutivo como el FMI, dependerá el formato que tendrá la “nueva etapa” del plan económico de la que habló este jueves la portavoz del organismo Julie Kozack. En los despachos oficiales ya mencionan de forma directa que la posibilidad de liberar restricciones cambiarias dependerá enteramente de cuántas divisas esté dispuesto a enviar el Fondo Monetario apenas dé la luz verde final.
La pregunta sobre cuál será el desembolso inicial recorrió el mercado a lo largo del todo el jueves y el Gobierno aseguró que no lo anticipará y que será decisión del board a mediados de abril. El director del Banco Central Federico Furiase aseveró este jueves en una entrevista que la expectativa es de un envío inicial superior al promedio de los acuerdos normales del FMI, explicado porque el ajuste monetario y fiscal que podría exigir a cambio el organismo ya fue realizado.
También apuntó que el levantamiento del cepo volvería a retomarse “en capas” y no a través de una medida de shock. Consultado sobre modificaciones en el esquema cambiario, dijo que el Fondo “no exige nada” porque el Gobierno “ya tiene un programa y una secuencia” determinada para su plan. “La recapitalización de BCRA acelera los tiempos”, dijo a A24.
Un informe de la consultora 1816 analizó 300 programas del FMI para calcular cuál podría ser ese primer monto a recibir por parte del Tesoro. “De los 311 programas aprobados por el FMI desde el 2000, en el 59% de los casos el primer desembolso no llegó al 20% del monto total del programa y en el 92% de los casos ese primer desembolso no llegó al 50% del monto total”, mencionó.
“Mirando los 85 programas firmados por el Fondo desde el año 2018, sólo tres tuvieron un primer desembolso superior al 50% del programa y en ninguno de esos casos el monto de ese primer desembolso llegaba en términos absolutos a los USD 2.000 millones”, planteó esa consultora financiera. Menos del 10% de los programas firmados desde el año 2.000 otorgaron al país firmante más de la mitad del monto total en el primer pago.
Un primer envío de dólares en línea con las prácticas generales del FMI implicaría unos USD 6.000 millones, pero la expectativa del equipo económico es que el porcentaje del primer desembolso en relación al acuerdo sea mayor, aunque evitan dar alguna precisión. La explicación es que, a diferencia de otros programas de financiamiento, en este caso los compromisos de ajuste fiscal y monetario ya fueron realizados, y que la Argentina tiene así una posición distinta para negociar.
Esa cifra asoma como la que el mercado lee como la “razonable” al considerar los pagos de capital en el calendario de los próximos cuatro años. “Argentina recibirá USD 20.000 millones con este nuevo programa y deberá pagar en los próximos 48 meses alrededor de USD 14.000 millones de amortizaciones al FMI”, indicó 1816 y estimaron que “si pensamos al financiamiento neto como el financiamiento recibido neto de amortizaciones durante el plazo del nuevo programa”, el préstamo neto se reduce a USD 6.000 millones.
Por su parte, Portfolio Personal Inversiones (PPI) también se preguntó si lo USD 20.000 millones “representa un monto bruto o si es neto de los pagos de capital”. “Según nuestras estimaciones, de los USD 14.400 millones que vencen hasta abril de 2029, en el primer caso solo quedarían USD 5.600 millones de fondos frescos, mientras que en el segundo caso el escenario resulta más optimista”, continuó.
“Los fondos destinados a cubrir la ventana de 48 meses se desembolsarían de inmediato y se utilizarían para cancelar directamente los vencimientos de capital con el propio organismo. Sin embargo, si ese no fuera el caso, Argentina podría retener esos fondos hasta que los pagos sean exigibles, lo que implicaría un refuerzo mucho mayor de las reservas netas”, fue otra de las conclusiones de PPI.
Adcap Grupo Financiero, en tanto, trazó escenarios diferenciados respecto a cuál podría ser el desembolso inicial: “Es probable que una parte de los USD 20.000 millones se desembolse de manera escalonada para alinearse con los vencimientos hasta febrero de 2029. Estos futuros desembolsos estarán sujetos a revisiones trimestrales. Además, no se brindaron detalles sobre el régimen cambiario que se definirá en el nuevo programa”, aseguraron en un informe a clientes.

Esos escenarios incluyen uno en que el primer envío desde Washington es de USD 6.000 millones y que el calendario se retomaría desde agosto de 2026 cuando reaparezcan vencimientos de capital ante el organismo. Uno más optimista especula con un ingreso inicial de USD 12.000 millones, que también se reanuda dentro de un año y medio, con desembolsos que cubran parte de los vencimientos.
Queda una parte, no contemplada en estos cálculos, que es el préstamos de libre disponibilidad que provendrán de otros organismos internacionales como el Banco Mundial, el BID o la CAF. Está menos claro el monto, pero se habla de entre 4 mil y 6 mil millones de dólares, con una secuencia también a determinar.
Generó este jueves alguna confusión en redes sociales y en el mercado un comentario que hizo el diputado nacional José Luis Espert, que en línea con las lecturas de mercado, aseveró que en términos netos son USD 6.000 millones solamente porque el resto serían destinados a pagos de capital ya existentes. En el equipo económico reforzaron el argumento de que el escenario de base es que esos 20 mil millones de dólares, al fin y al cabo, estarán en las arcas del BCRA y podrán ser mostrados como poder de fuego ante el mercado.
El DNU que autorizó la concreción del acuerdo con el Fondo Monetario sí establecía qué usos podía darle el Tesoro, es decir el Ministerio de Economía, a los derechos especiales de giro (DEG, la moneda del FMI) que reciba: repagar capital de los próximos cuatro años con el propio Fondo o cancelar Letras Intransferibles en manos del BCRA. Una vez que se cristalizara ese mecanismo la autoridad monetaria podría contar con los dólares “crocantes”.
En este punto todavía hay dudas. El Gobierno tiene como alternativas utilizar la totalidad de los fondos que mande Washington para cancelar la mayor cantidad posible de Letras Intransferibles -estimaciones de mercado calculan que todo ese stock suma unas USD 23.000 millones– y así dotar de inmediato al Central con un refuerzo en sus arcas internacionales, o bien darle una secuencia a ese proceso de rescate de las letras. La debilidad de las reservas en el BCRA parecen indicar que cuanto antes pueda dotar de poder de fuego a la entidad, más efectivo será el acuerdo para calmar la inquietud de los mercados.