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Cristina Kirchner está nerviosa

Tenía todo el plan perfectamente organizado, pero falló en la elección de su presidente

cristina kirchner
Vicepresidenta Cristina Kirchner

Cristina Kirchner ha empezado a inquietarse. Logró, en general, imponer disciplina en la confección de las listas de candidatos. Diseñó la estrategia de campaña electoral cuyo eje se afinca en un distribucionismo improvisado, muchas promesas y la insistencia de mensajes que no asusten. Pero no tuvo en cuenta otras cosas. La peligrosa degradación política de Alberto Fernández. Acicateada por una personalidad a la que algo extraño le sucede.

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El imprevisto regreso del pasado espurio cuando la actividad proselitista empieza a cobrar temperatura. ¿De qué se trata? Movimientos en el Poder Judicial que no esperaba. Decisiones de aliados en el plano internacional que volvieron a colocar en la primera línea el atentado en la AMIA, con 85 víctimas, el Memorándum de Entendimiento con Irán que nunca logró explicar y la misteriosa muerte del fiscal que indagaba, Alberto Nisman. Serían las razones principales.

El desasosiego resulta creciente porque la vicepresidenta creía haber tomado los recaudos para que su historia de corrupción permaneciera un tiempo prudente en estado de letargo. Si las elecciones favorecen al Gobierno nacional desatará la ofensiva final. Sus abogados defensores mantienen congelados los juicios por supuesto lavado de dinero en las causas de Hotesur y Los Sauces.

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Ella misma acordó con Alberto Fernández, el Presidente, y Sergio Massa, titular de la Cámara de Diputados, que cancelaran para mejor ocasión sus testimonios cruciales en la causa por las obras públicas en beneficio de Lázaro Báez. Junto al procurador del Tesoro, Carlos Zannini, reclamaron la nulidad del juicio por el Pacto con Irán. Estaba convencida, con dosis de omnipotencia, que ningún expediente judicial se agitaría en la campaña.

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Cristina Kirchner y Carlos Zannini (Archivo)

El juez Julián Ercolini despertó la semana pasada el affaire por los Cuadernos de las Coimas. Procesó al arrepentido ex funcionario de Planificación, Roberto Baratta. Sobreseyó a empresarios de la empresa Techint. Se trata de la causa que describe con mayor nitidez el mecanismo de recaudación del poder durante la llamada “década ganada”. Ocurre en un momento político inoportuno para el kirchnerismo.

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El paso dado por el juez Julián Ercolini no significa que la causa de los Cuadernos de las Coimas, elevada a juicio, haya entrado en una etapa final. Debe sortear antes una trama de enredos procesales que sabe plantear la defensa de Cristina Kirchner. Simboliza, sin embargo, una señal que la colonización de Comodoro Py que persigue el kirchnerismo estaría lejos aún de consumarse.

El meneo del escándalo de los Cuadernos de las Coimas remite en el imaginario colectivo a los peores recuerdos K. Julio De Vido, condenado que cumple arresto domiciliario, o el ex secretario de Obras Públicas, José López. Hacedor de los bolsos con millones arrojados de madrugada en un convento. Sigue en prisión por no pagar los $85 millones que fijó el tribunal para dejarlo en libertad bajo fianza. Nada de eso ayuda a la campaña.

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