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“Dijo que le robé”: acusó a Don Arias y casi lo llevan preso

Un confuso episodio se registró en el microcentro en la tarde-noche del viernes. El hombre de 82 años, conocido por vender felpones y lapiceras, nuevamente tuvo que padecer un mal momento. Qué pasó.

Don Arias, después del confuso episodio, comiendo una papas en Burger. (Crédito: Paola Nucci)

Don Hugo Arias, con sus 82 años y su vitalidad intacta, se encontraba como todas las tardes con su librería imaginaria desplegada y listo para trabajar. Pasadas las 18, estaba en la peatonal Mendoza casi esquina 25 de Mayo, en uno de los bancos donde la gente toma pausas de la rutina diaria, cuando un hombre misterioso se paró frente a su mercadería, de espaldas, obstruyendo la visión de potenciales clientes. Así empieza la historia que casi lleva a Don Arias a terminar a las trompadas y detenido.

“Estaba sentado en un asiento de la peatonal y puse una lapicera ahí para vender. De repente viene un señor, se puso casi encima donde estaba vendiendo. Entonces le pedí por favor si se podía correr porque estaba tapando lo que estaba vendiendo”, relata Don Arias a eltucumano.com, unas horas después de que el altercado circulara en una decena de grupos de Facebook y fuera compartido por miles de usuarios. En la publicación realizada por Ely Salvatierra, afirmaban que policías habían llevado a Hugo a una Comisaría, pero no sabían cuál.

Luego de pedirle por favor al hombre que se haga a un lado para que la gente pueda ver su mercadería, fue la forma en que le respondió lo que molestó a Don Arias y lo llevó al borde de cometer la locura de irse a las trompadas con un hombre casi 30 años menor que él: “Yo me paro donde quiero y ningún vendedor ambulante me va a venir a correr”, le dijo aquel desconocido, morocho y de unos 40 años, según describe Hugo. Ambos comienzan a discutir y se ofrecen piñas. Entonces, impotente, Don Arias explota. “Empecé a darle trompadas a la banca, fuerte. Vinieron a preguntarme qué me pasaba y les conté la situación con el hombre”, recuerda.
A continuación, ocurre algo impensado. El hombre con quien discutía llama a la Policía y acusa a Don Arias de robarle el celular. Es en ese instante, cuando los agentes pretenden registrarlo cuando una multitud se agolpa a ver qué pasaba. “Yo les dije que era mentira, que quiso venir a sacarme de prepo y me insistió que le saqué un celular”, se lamenta. Pasaron varios minutos hasta que el denunciante busca entre sus ropas y encuentra el dispositivo móvil que aseguraba le había sustraído el hombre de 82 años que vende felpones y lapiceras, quien ya fue víctima de robo en al menos dos ocasiones este año.
“Después él dijo a la Policía: ‘yo me equivoque con él, lo tengo yo al celular, pero intentó robármelo’”, se indigna Hugo. “Una señora que me conoce hace 10 años me defendió con la Policía y no me llevaron”, agrega.
Horas después del episodio, ya más tranquilo y con su nombre limpio, Don Arias disfruta unas papitas en un local de comida rápida de calle Santiago. Con sus felpones y lapiceras a cuestas, come y ensaya unos trazos en hojas de papel que servirán para exhibir los precios en su librería imaginaria, la que volverá a desplegar al día siguiente, como todos los días.