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Doble crimen de la Invernada: todo indica que el narco se cobró venganza y a la vez mandó un terrible mensaje

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TERRIBLE FINAL. La muerte de Gonzalo Brito, asesinado y quemado dentro de su auto, y la de su padre, torturado y ejecutado, serían el resultado de una venganza narco.

Una mejicaneada o una cuestión territorial son los posibles móviles que analizan quienes investigan el doble crimen de La Invernada como un ajuste de cuentas relacionado con el narcotráfico.

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Aunque los familiares de Víctor Hugo Brito y su hijo, Gonzalo, insisten en atribuir el brutal suceso a una venganza relacionada con su actividad de prestamistas, los testigos que, con grandes dificultades, consiguió el fiscal Miguel Varela, orientaron la pesquisa hacia el oscuro mundo de las drogas.

La hipótesis que se maneja es que Gonzalo incursionó en el narcomenudeo, desde donde se asomó a un negocio que le resultó redituable, por lo que decidió ampliar, primero, los volúmenes de venta y luego, los horizontes.

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Así, habría llegado a negociar importantes volúmenes de marihuana traída desde la Mesopotamia con colegas de Catamarca, a la vez que decidía extender la venta local de la droga hacia Alberdi, La Cocha y Aguilares.

Para los investigadores, el balazo en la nuca que acabó con la vida de Víctor Hugo luego de una brutal tortura y el terrible final de Gonzalo, ejecutado y quemado dentro de su auto, fueron el resultado de una venganza vinculada con alguno de esos movimientos de expansión.

La venta de drogas a Catamarca fue confirmada por las fuerzas federales que operan en esa provincia, quienes les avisaron a la justicia tucumana que hace tiempo seguían los pasos de los Brito.

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Esto alimentó la idea de que habrían vendido y cobrado un importante embarque de “merca” que nunca llegó a destino, lo que habría desatado la terrible venganza.

La otra teoría apunta a las bandas locales que controlan el narcomenudeo en el sur de la provincia y que, de vez en cuando, muestran su accionar de las formas más terribles, en especial en Aguilares.

La expansión ensayada por Gonzalo habría tocado algunos intereses de esos grupos, y ya se sabe que en ese ambiente las diferencias de este tipo no se solucionan hablando, sino con fuertes señales, a menudo sangrientas, que sirven como mensajes para otros competidores.

Lo cierto es que, por ahora, esas hipótesis no tienen rostros ni nombres. Sólo indicios basados en los pocos testimonios que se pueden extraer del seno de una comunidad que vive aterrorizada, lo que complica el avance de la investigación.

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