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El che pibe de la Rosada…

Alberto Fernández no para de perder poder, quebrado internamente por Cristina Kirchner

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Alberto Fernández

El Gobierno está ingresando en un tramo decisivo de la campaña electoral con una sumatoria de problemas políticos, económicos y sociales frente a los cuales no tendría respuestas. Existe uno, sin embargo, que sobresale porque aparece vinculado a un asunto estructural que excede el pronunciamiento del 14 de noviembre. Hace al tránsito de los próximos años, hasta el recambio previsto para el 2023.

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El dilema radica en la figura del Presidente, Alberto Fernández. Su fortaleza objetiva estuvo siempre opacada por el liderazgo de Cristina Kirchner. Tuvo un brillo en los tiempos iniciales de la pandemia, entre marzo y septiembre del 2020. Coincidió con la armonía que exhibió con la oposición en ese trance muy difícil. Se rompió por el recorte en la coparticipación en la Ciudad, que conduce Horacio Rodríguez Larreta.

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Alberto Fernández y Cristina Kirchner

Luego llegó el debilitamiento producto de los graves errores de gestión y el cerco que le tendieron los K en el Frente de Todos. Desde la derrota en las PASO su diagnóstico parece haberse agravado. De aquel debilitamiento empezó a avizorarse un tránsito hacia la dilución de su poder. No es la misma cosa. Sobre todo, proyectada en el futuro. En los últimos días se acumularon señales en esa dirección.

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Las celebraciones del 17 de octubre fueron para el mandatario un verdadero calvario. La campaña tampoco resulta sencilla. El lunes sufrió un tropiezo en su visita a Chubut. Una provincia clave donde el FDT perdió el 12 de septiembre. Pone en juego tres bancas en el Senado de las cuales podría perder dos. Una llave para que la vicepresidenta pueda seguir manejando a su antojo el Senado, sin depender de alianzas incómodas.

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Alberto Fernández debió ausentarse forzosamente de las celebraciones por el Día de la Lealtad. El sábado Cristina Kirchner lo sorprendió con un acto en la ex ESMA que congregó a la militancia kirchnerista dura. La dama hizo una circunstancial reivindicación del peronismo. El domingo se armó una marcha heterogénea de la cual tomaron parte también grupos de izquierda. Incluso el partido MILES, del piquetero Luis D’Elia.

Lo conminó, en público, a que luego de las elecciones decida, de una vez, si quiere ser Fernando de la Rúa o Néstor Kirchner. No sería necesaria ninguna traducción. En la misma concentración habló el ex vicepresidente Amado Boudou, con condena firme por el escándalo Ciccone. En libertad por las prebendas judiciales. El remate correspondió a Hebe de Bonafini, la titular de las Madres de Plaza de Mayo.

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La dura carta de Cristina Kirchner para Alberto Fernández

Y es que ella se mostró defraudada por la supuesta complicidad de Alberto “con los ricos” o con los “gordos de la CGT”. El Presidente había pensado, en algún momento, asistir. El clima hostil lo indujo a permanecer en la Quinta de Olivos. Pero en el encuentro, rodeado de enemigos internos, pudo verse al canciller y hombre de confianza, Santiago Cafiero. Y a la primera candidata a diputada por Buenos Aires, Victoria Tolosa Paz.

En el tríptico por el Día de la Lealtad fue la Confederación General del Trabajo (CGT), sin dudas, la única capaz de componer un paisaje multitudinario y homogéneo. Apenas con la filtración formal de un par de dirigentes kirchneristas. Los llamados “gordos”, más cercanos al Presidente, se limitaron a reivindicar la figura de Juan Perón y a divulgar un documento en el cual el nombre del Presidente no apareció mencionado ni una vez.

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El interrogante detrás de aquella descripción radicaría en saber si el primer mandatario tuvo, en un momento, injerencia en la organización de alguna de las celebraciones. O si su ausencia resultó la consecuencia natural de un fenómeno político que muy rápido se le fue de las manos.

Dudas similares se plantean cada vez que el Presidente sale de Olivos. Quizás un reflejo cabal e inquietante del desorden en la coalición oficial y la licuación del poder presidencial.

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