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El error del Banco Central de posponer el alza de la tasa de interés

El mercado esperaba una corrección alcista, a tono con la aceleración de la inflación a nivel anualizado.

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Banco Central de la República Argentina
Trasplante de medula osea

“Vamos a ir hacia un terreno de tasas positivas con los instrumentos del Sector Público Nacional”, se le escuchó decir a Silvina Batakis el lunes pasado en su primera conferencia al frente del Ministerio de Economía. Tenía a su lado al presidente del Banco Central (BCRA), Miguel Pesce, por lo que podía tomarse como una señal de que no sólo los rendimientos de los títulos del Tesoro irían hacia ese terreno positivo, sino que también lo haría la deuda del BCRA.

Como siempre ocurre, una suba de la tasa de política monetaria habría derramado sobre las tasas de interés del sistema financiero. Los analistas renovaron sus esperanzas y comenzaron a descontar que el directorio del BCRA subiría la tasa de interés el jueves por la tarde, tras conocerse el dato de inflación de junio. Sin embargo, nada de esto ocurrió. Las tasas de interés se mantienen sin cambios por ahora.

¿Por qué el Central no subió la tasa cuando parecía una jugada obvia y necesaria? Entendemos que está abocado a direccionar la liquidez de los bancos a la deuda del Tesoro. Subirle el rendimiento a la Leliq, que tiene una TNA de 52% la hubiera vuelto más atractiva en términos relativos frente a Letras de descuento del Tesoro (LEDE) que en la licitación del miércoles salieron subastadas con tasas de 50,75% a 27 días y 63,46% a 108 días.

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Resulta evidente que la autoridad monetaria no quiere incrementar el apetito por sus títulos para no “canibalizar” la deuda del Tesoro. Los inversores han revelado sus preferencias al querer cambiar riesgo “Tesoro” por riesgo “BCRA” desde que inicio del stress en la deuda en pesos a comienzos de junio. El Ministerio de Economía y el BCRA actúan en tándem para reestablecer el acceso al financiamiento del Tesoro a como dé lugar.

Lo que implica un alto riesgo para el nuevo régimen inflacionario en el que ingresamos. Los depositantes han quedados más desprotegidos que nunca. Al sostener las tasas de interés sin cambios en términos nominales (Leliq en 52%, Badlar en 51% anual y Plazo Fijo en 53% anual) frente a una inflación que en julio será de al menos 6,5% (113% anualizado), las tasas de interés reales para empresas y ahorristas se desplomaron a niveles récord.

Lo que es combustible para una aceleración inflacionaria. Lógicamente, el depositante no tiene ningún incentivo a mantenerse en pesos, por lo que sale a desprenderse de sus tenencias en pesos a como dé lugar y más rápidamente de lo que lo hacía el mes pasado. En términos más técnicos, la velocidad de dinero se acelerará, equivalente a decir que la demanda por dinero caerá, lo que hará subir aún más rápido los precios.

Sorprende que, en el momento más crítico en términos inflacionarios de los últimos treinta años, el BCRA priorice contribuir al financiamiento del Tesoro a anclar expectativas con un fuerte ajuste de la tasa de interés. Podrá argumentarse que, de no enfocar la liquidez hacia la deuda soberana, no se podrán renovar los vencimientos y deberá emitirse para pagar los bonos (lo que también es inflacionario).

No obstante, la señal para que se reestablezca el acceso al mercado de deuda en pesos debe ser fiscal y no una artimaña financiera. Probablemente el BCRA decida subir sus tasas de interés en las próximas semanas, pero ya no causará el mismo efecto. Con los aires “renovados” tras el cambio de ministro, podemos pensar que, tanto en lo fiscal como en lo monetario, no existe una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión.

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