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El Gobierno nacional quiere evitar hacer el ajuste para consolidar el populismo

La desaceleración de la inflación que observó el presidente Alberto Fernández en diciembre responde a una lectura parcial de los datos.

alberto fernández junto a cristina kirchner en merlo (reuters)
Cristina Kirchner - Alberto Fernández

En forma sorprendente, si es que algo sigue sorprendiendo de las declaraciones de los funcionarios de este gobierno, el presidente Alberto Fernández festejó la tendencia decreciente de la tasa de inflación que se dio en diciembre porque fue del 3,8% en comparación con 4% un año antes. Por empezar, la diferencia es marginal. Además, pareciera que el Presidente se olvidó de leer la nota 2 del informe mensual del Indec.

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Y es que el mismo aclara que mientras en diciembre 2020 los Precios Cuidados representaron el 3,17% del total del relevamiento en el Gran Buenos Aires, un año después subió a 12,2%. Si a eso se le agrega que los Precios Regulados aumentaron sólo 1,7% en el último mes, queda bastante claro que la “desaceleración” que observó el Presidente tiene algunas “trampitas estadísticas” que se le pasaron por alto.

De todas maneras, es claro que durante el actual gobierno a pesar de tener gran parte del 2020 con la gente encerrada con la excusa de la pandemia sin poder gastar su dinero y, por lo tanto, forzando al aumento de la demanda de moneda, y en 2021 con el tipo de cambio “pisado” al igual que el precio de las tarifas de los servicios públicos, la inflación viene teniendo una tendencia ascendente.

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El Presidente se empeña en decir que la inflación tiene varias causas, aunque no dice cuáles son, solo nombra la emisión y cuestiones psicológicas, pero el resto son un misterio. Lo concreto es que en 2021 la emisión monetaria para financiar al Tesoro Nacional llegó a $1,7 billones, apenas poco menos que en el año previo. Puede estimarse que la emisión fue la principal fuente de financiamiento del gasto público, seguido por el IVA y otros impuestos.

En total, el déficit fiscal en 2021 fue equivalente a 5,5% del PBI, pero en los ingresos se computa otro 1,8% del PBI en Transferencias de Utilidades del BCRA que son emisión monetaria pura y una ficción contable para justificar esa creación primaria de dinero para asistir a la Administración Central. Este fenomenal desequilibrio de las finanzas públicas es lo que hace que se presente el ajuste como el gran sacrilegio que proponen los salvajes economistas.

La realidad es que ese déficit se financia de alguna manera. Puede ser con emisión monetaria cobrando el impuesto inflacionario que es el más regresivo de los impuestos. Con más deuda pública o consumiendo stock de capital, como es el caso del sistema energético que se cae a pedazos por atrasar artificialmente las tarifas de los servicios públicos. Lo que se ve como una herejía es que el Gobierno tenga que bajar el gasto público.

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A eso se lo llama ajuste y lo que no quieren hacer es bajar el gasto que les permite hacer populismo. Para la política la palabra ajuste es un sacrilegio porque significa eliminar el financiamiento del populismo que ellos hacen para conseguir votos. Ajustar las cuentas del sector público es conspirar contra el negocio del populismo. Pero en rigor, ese no ajuste del gasto en populismo tiene como contrapartida el ajuste del sector privado.

El cual es ahogado con impuestos, otros son saqueados con el impuesto inflacionario y el sector privado se queda sin crédito porque entre el BCRA y el tesoro absorben el escaso crédito interno. En definitiva, el problema no es el ajuste, sino si el ajuste lo sigue haciendo el sector privado o la dirigencia política en general bajando el costo del populismo que implementan. No es cierto que el Gobierno quiera evitar el ajuste. Lo que quiere es evitar hacer el ajuste en su negocio de la política, priorizando sus intereses partidarios por encima del bienestar y progreso de los argentinos.

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