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El kirchnerismo camina más de una hora por día

OPINIÓN | La Cámpora caminó 2000 metros y puso a Raverta en la Anses. Otros caminadores fueron Pietragalla y Larroque, Pero la pregunta más importante es: ¿camina Alberto Fernández?

María Fernanda Raverta y Alberto Fernández (Foto Twitter @Alferdez)

Por Diego Sehinkman

Si algo quedó claro luego del fallido anuncio de la semana pasada sobre las salidas de una hora, es que en este país el único que sigue caminando, y rápido, es el kirchnerismo. La Cámpora caminó 2000 metros, desde el despacho de Máximo en el Congreso hasta Anses, y puso a María Fernanda Raverta. (Vanoli cometió el peor de los pecados: olvidó las obsesiones de su jefa y se durmió en mandar un representante de ese organismo del estado a la asamblea de Telecom. “El privado es bueno, pero si se lo vigila es mejor”, nunca dijo el general pero sí una rama de sus descendientes políticos)

Otro caminador transgresor había sido Horacio Pietragalla, secretario de Derechos Humanos, hiper K, quien ya la había caminado a su jefa, la ministra de Justicia, pidiendo la domiciliaria de Ricardo Jaime y la liberación de Martín Báez. No les había avisado ni a ella ni al presidente.

Esta semana Andrés “el cuervo” Larroque, hombre de Máximo, pasó a ocupar Desarrollo Social del gobierno de Axel Kicillof. Acá hay otra caminata en juego: el sillón de Rivadavia. Máximo y Axel, ambos hijos de Cristina en lo biológico y lo ideológico respectivamente, compiten en silencio por la sucesión.

Pero la pregunta más importante es: ¿camina Alberto Fernández? ¿Va tomando volumen político propio? La paradoja es que su éxito en el manejo –hasta ahora- de la pandemia hizo que de a poco la gente cambie de miedo. Hace tres semanas se hablaba del sistema sanitario y de si alcanzarían los insumos. Hoy el temor es a que no nos alcancen los pesos. A no poder llenar la heladera. Del respirador al refrigerador. Si no se anuncia un plan progresivo y concreto de salida del encierro, se van a deshilachar dos cosas: la cuarentena y la imagen presidencial. “El que supo entrar a tiempo pero no salir”.

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El mal manejo del conflicto con los presos y las domiciliarias le costó al presidente un sonoro cacerolazo. ¿Dependen del ejecutivo las decisiones de los jueces? Una cosa es cómo el mundo debería ser. Y otra, cómo es. Los jueces tienen en los techos de sus despachos el gallito del tiempo que gira según el viento. El viento garantista sopla fuerte.

Los espacios políticos, los gobiernos, al igual que las personas, van conformando una personalidad, con anhelos, obsesiones, fantasmas y enemigos. El kirchnerismo terminó de consolidar su identidad con el conflicto del campo, en 2008. En aquel momento, Carta Abierta le puso letra a la música que ese sector político creía escuchar: “Clima destituyente, dijo, y me conquistó”, cantaba Cristina.

Había nacido la grieta, el nosotros y ellos. El pueblo versus la oligarquía, los poderes concentrados y los “medios hegemónicos”. ¿A qué le cree más la gente? ¿A lo que ve por la ventana… o a lo que ve por la pantalla? El kirchnerismo te decía que a la pantalla. Por eso, sorprendió que esta idea, que parecía de temporadas anteriores o sacadas del outlet de algún rincón menos transitado del Instituto Patria, reapareciera esta semana en forma de “hay una campaña mediática para instalar que hay liberaciones masivas de presos”. ¿Alberto Fernández va a heredar los mismos fantasmas, obsesiones y enemigos que tenía Cristina o va a renovar el repertorio?

SI NO SE ANUNCIA UN PLAN PROGRESIVO Y CONCRETO DE SALIDA DEL ENCIERRO, SE VAN A DESHILACHAR DOS COSAS: LA CUARENTENA Y LA IMAGEN PRESIDENCIAL.

¿Habrá escuchado el gobierno, sin ponerse paranoico y sin acusar a la oposición o a los medios, que millones de personas, incluso muchos de sus propios votantes, están asustados en serio por las liberaciones de delincuentes peligrosos? Los jueces, muchas veces terminales del poder político, ¿darán marcha atrás? ¿Tendrán de una vez por todas empatía también con las víctimas de la delincuencia?

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“Por los frutos lo conoceréis”. Pronto sabremos si estamos frente a un gobierno que escucha y retrocede o si, por el contrario, redobla la apuesta como hacía el kirchnerismo 2008-2015. El presidente se juega la construcción de una identidad propia.

Por Diego Sehinkman.