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Fuerte malestar en un sector de la Iglesia por el acto K en Luján: creen que se trató de una apropiación partidaria

Tras la misa con presencia de funcionarios y dirigentes del kirchnerismo, ahora en la curia se muestran molestos. El Arzobispo Jorge Scheinig, que organizó el acto, cuestionado.

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Alberto Fernández con funcionarios, sindicalistas y movimientos sociales participaron de la misa K en la Basílica de Luján en apoyo a Cristina Kirchner. Foto Juano Tesone
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El gobierno kirchnerista no logró hasta ahora sacar el país de su deterioro económico y social, como tampoco lo consiguieron las administraciones de otros signos políticos tras el retorno a la democracia. Pero hay que reconocerle al actual oficialismo un grado de astucia política mezclada con mucha desfachatez para aprovecharse de cualquier ocasión, aunque sea una circunstancia tan delicada como la religiosa.

Es lo que acaba de suceder con la “Misa por la Paz y la Fraternidad” oficiada este sábado en la basílica de Luján convocada por el kirchnerismo. De hecho, provocó un fuerte malestar en la Iglesia por considerar que se trató de una apropiación partidaria de una invitación que hicieron los obispos a los fieles a rezar por la convivencia en el país este fin de semana ante la creciente tensión política.

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Andrés Larroque en la misa K en Luján. Foto Rolando Andrade.

En rigor, esto no debería sorprender mucho a nadie. La entonces presidenta Cristina Kirchner -que con su marido consideraba al cardenal Jorge Bergoglio el jefe espiritual de la oposición y promovía una campaña que le adjudicaba haber “entregado” a dos sacerdotes durante la dictadura-, dio una sorprendente voltereta tras su elección como Papa y se volvió una admiradora de Francisco.

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A partir de entonces Cristina -que llevó a decirle a Francisco en su primera visita al Vaticano que “pensaba que era otra cosa”- buscó explotar el vínculo. Lo visitó cuatro veces en la Santa Sede y lo saludó en Brasil, Paraguay y Cuba. Y si bien el Papa la respaldó en sus comienzos porque la veía débil políticamente, luego comenzó a tomar distancia, aunque nunca se rompió el vínculo.

Instalado en la presidencia, Alberto Fernández también buscó “pegarse” a Francisco. Le pidió, y obtuvo, ayuda en la renegociación de la deuda con el FMI. Pero tras un comienzo conciliador con la oposición optó por un estilo confrontativo que disgustó al Papa. Para colmo, impulsó la legalización del aborto en el peor momento de la pandemia, lo que terminó enfriando el vínculo.

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Victoria Donda en la misa K en Luján. Foto Rolando Andrade.

Más aún: Fernández desoyó la recomendación de la Iglesia a convocar un diálogo con la oposición para consensuar políticas de Estado, como lo viene haciendo sin éxito desde la crisis de 2001. Y se puso del lado de los sectores más agresivos hacia la Iglesia, que demandan la separación de la Iglesia y el Estado, pese a que respecto de esa unión queda poco y nada.

Ahora, embarcado en el aprovechamiento político del fallido atentado a la vicepresidenta, el kirchnerismo quiso echar mano de lo religioso. El disparador fue una convocatoria de los obispos a los fieles para rezar por “la paz y la fraternidad entre los argentinos” este fin de semana en el marco de su tradicional colecta anual Más por Menos.

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Juan Grabois en la misa K en Luján. Foto Rolando Andrade.

Es que, desde el pedido de condena a Cristina Kirchner en la causa por la obra pública que realizó el fiscal Diego Luciani, pasando por los choques de manifestantes con la policía en las cercanías de la casa de la vicepresidenta, hasta el fallido atentado, la Iglesia no ocultó su preocupación por la creciente tensión.

Los obispos hicieron la propuesta del rezo el martes y al día siguiente el intendente de Luján, el kirchnerista Leonardo Boto, anunció que como una forma de adherirse había solicitado una “Misa por la Paz y la Fraternidad” en la basílica de su ciudad y que, con tal motivo, invitaba a todos los que querían ser de la partida.

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Eduardo “Wado” De Pedor en la misa K en Luján. Foto Rolando Andrade.

Ni lerdo ni perezoso, todo el kirchnerismo decidió sumarse. Es cierto que comenzó a tantear a la oposición para que asistiera, aunque sabiendo que luego de haberla acusado de ser del atentado a Cristina -junto con la Justicia y ciertos medios- no tenía ánimo como para sumarse.

En tal caso -especularon-, el kirchnerismo aparecería como un adalid de la paz y la fraternidad y la oposición como los promotores del “discurso del odio”. Claro que el escenario elegido para dar esa impresión sería nada menos que el principal templo católico del país.

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Santiago Cafiero en la misa K en Luján. Foto Rolando Andrade.

Los obispos quedaron en una encerrona. Trataron de despegarse con llamados a los periodistas -“la convocatoria del Gobierno no tiene nada que ver con la nuestra”, decían-, pero no podían cerrarle las puertas de un templo a nadie que pudiera ir a rezar. El arzobispo de Mercedes-Luján, Jorge Scheinig -que presidió la ceremonia-, dijo al final que el intendente le había pedido una misa a la que accedió, pero que después ésta tomó una envergadura imprevista. Y se disculpó si “metí la pata”.

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Mayra Mendoza en la misa K en Luján. Foto Foto Juano TEsone

De todas formas, convocó a los presentes y ausentes a “abrir los brazos y no excluir a nadie” del quehacer nacional. Pero se quedó corto. Acaso le faltó decir que la basílica es la casa de todos los argentinos, no de una parcialidad.

La cúpula de la Iglesia debió ser más clara y contundente.