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La estrategia de Trump. Un Estados Unidos impotente y sin Plan B para Venezuela

La Casa Blanca pensaba que la salida de Maduro se resolvería pronto, pero Maduro sigue en el poder. Washington intenta recuperar el impulso, pero se le acaban las herramientas.

El presidente de EE.UU., Donald Trump, con Fabiana Rosales, la esposa de Juan Guaidó, en la Casa Blanca.

Cuando se lanzó en enero por sorpresa la “operación Guaidó”, Estados Unidos apostaba a una resolución rápida para sacar a Nicolás Maduro del poder. Pero lo que aquí se llama el “momentum”, o el ímpetu inicial de los acontecimientos, se ha ido desdibujando con una serie de ofensivas que no prosperaron y ya se comienza a hablar en Washington de una estrategia que parece fracasar, que no tiene un plan B y que muestra la imagen de un Estados Unidos impotente.

Con la iniciativa de estos días de Juan Guaidó, Estados Unidos busca retomar el impulso perdido, pero tampoco se ve un panorama de éxito, como tampoco lo tuvo la operación de ayuda humanitaria en la frontera semanas atrás. El tiempo pasa y Maduro sigue. La Casa Blanca ha subido el tono del discurso, en medio de la tensión de estas horas, en vista de que el grueso de los militares –al menos por ahora– permanece leal a su jefe.

El secretario de Estado, Mike Pompeo, endureció la retórica al decir que una intervención militar “es posible, de ser necesaria”. “El presidente (Trump) ha sido claro como el cristal e increíblemente consistente. Una acción militar es posible. De ser necesario, eso es lo que Estados Unidos hará”, dijo Pompeo. Pero más allá de las palabras, en la región definitivamente no hay consenso para una ofensiva militar.  

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El día anterior, había dicho que la Casa Blanca había arreglado con altos funcionarios de Maduro una salida del poder. Evidentemente esa estrategia no sirvió de mucho: no solo que estos personajes aún permanecen junto a su líder, sino que el enviado de Trump para Venezuela, Elliott Abrams, contó que esos funcionarios venezolanos “apagaron sus celulares” y ya no los atienden.

Algunos aliados de Donald Trump ya empiezan a mostrar desesperanza. Llamó la atención la declaración del general brasileño Augusto Heleno, ministro del Gabinete de Seguridad Institucional y asesor cercano del presidente Jair Bolsonaro, que se mostró escéptico al describir el levantamiento del martes como “un movimiento desorganizado que parecía un pelea entre aficionados al fútbol”. Horas después, el propio Bolsonaro buscó bajar el tono y dijo que el levantamiento no había sido “una derrota” porque había mostrado “grietas” en el régimen.

“La administración de Trump esperaba que con el juramento el 23 de enero de Juan Guaidó, la salida de Maduro vendría rápidamente. Cuando eso no sucedió en la primera semana, se movió rápidamente para aplicar sanciones petroleras. Ahora, tres meses después, todavía están esperando. Nunca hubo un Plan B u otra política a seguir si el gobierno no se desmorona”, dijo a Clarín Christopher Sabatini, profesor de Política Internacional de la Universidad de Columbia, que sigue el caso venezolano.

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“Ahora están estancados, duplicando la misma estrategia, mientras que sus herramientas de sanciones son cada vez menos. A más de 600 personas se les han revocado sus visas y se les han congelado sus cuentas y ya se ha utilizado la opción “nuclear” de un embargo de petróleo. Hoy el tiempo está del lado de Maduro, pero desafortunadamente seguirá habiendo un sufrimiento aún mayor en Venezuela debido a la mala administración del gobierno y ahora se suman los efectos de las sanciones petroleras”, agregó.

Sabatini cree, además, que las duras palabras de los funcionarios estadounidenses no ayudan: “Ha dado a la oposición una falsa esperanza de que Estados Unidos es un salvador, y han hecho crecer las expectativas de una intervención militar en caso de que todo lo demás falle. Ambas estrategias son peligrosas y han servido para consolidar el control de Maduro sobre el poder y crear falsas esperanzas”.

Respecto de la posibilidad real de una intervención militar, Javier Corrales, director del Amherst College de Ciencias Políticas, dijo aClarín que “de Trump se puede esperar cualquier cosa, pero hay que tener en cuenta que sus asesores militares, y los integrantes del Grupo de Lima, han dicho que no reiteradamente a una invasión militar. Además, el instinto de Trump es retirar y no desplegar tropas (como ocurrió en el caso de Siria)”.

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Sin embargo, el experto advierte: “Pero, si en algún momento, alguien convence a Trump de que una invasión sería fácil, rápida, y barata, puede que el presidente se aventure a hacerlo. Por ahora, nadie parece hacer ese planteamiento, por lo menos, abiertamente”.

Lo cierto es que, mientras Washington sube la retórica y las sanciones, Maduro sigue en su puesto. Para Sabatini, “estas declaraciones socavan la credibilidad de Washington a nivel internacional, generando una imagen débil e indecisa. Francamente, es un giro extraño en la diplomacia de los Estados Unidos que no solo no logra cumplir sus objetivos, sino que hace que los Estados Unidos parezcan impotentes”.