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Se habría acabado el tiempo de gracia otorgado a Sergio Massa

Quizás el ministro de Economía haya dejado atrás el mejor momento, interno y externo.

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Sergio Massa
Procrear

Un fenómeno que pareció atravesar al Gobierno y al Frente de Todos desde el gravísimo y fallido atentado contra Cristina Fernández se habría empezado a diluir. Aquel episodio amalgamó por un tiempo casi todas las posturas en el oficialismo. La ausencia de un anclaje político de envergadura en la investigación que impulsa la jueza María Eugenia Capuchetti repone internas en la coalición oficialista.

El hijo de la vicepresidenta hizo aflorar algunas diferencias internas trascendentes. Precedidas por un tuit de su madre, en el cual se quejó de la falta de control sobre la industria alimentaria que, según ella, espolea la suba de los precios y la inflación indetenible. Cuestionó la decisión de Sergio Massa sobre el tipo de dólar diferenciado que le permitió al Estado acumular más de U$S 8 mil millones. Reforzar, de paso, las escuálidas reservas del Banco Central.

“Hubo que generarles otro dólar para que liquiden lo que producen en nuestro suelo y que es parte de la riqueza y de los bienes naturales de nuestra patria”, se quejó Máximo. Con esa maniobra el ministro de Economía logró sortear, aunque por poco tiempo, un grado de asfixia económica-financiera que acechaba al Gobierno. Aquella queja del diputado K tendría tres planos. Uno referido al concepto de la propiedad de las riquezas del suelo nacional.

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Poco tranquilizador, en principio, para las inversiones que se buscan con el objeto de multiplicar la generación de divisas. La minería es uno de esos sectores potenciales. Otro aspecto revela que el kirchnerismo nunca pudo superar el trauma de la disputa que perdió en el 2008 con el campo, a raíz de la resolución 125. El hijo de Cristina definió, respecto del dólar soja, que “nuestro país fue puesto de rodillas por las cerealeras”. ¿No sería una exageración?

La tercera cuestión atañe al precario sistema de alianzas internas que posee el Gobierno. Una de las características que fueron moldeando su pobre gestión. Máximo representa uno de las vigas que sostiene a Massa en su calidad de conductor económico. La principal, por supuesto, es la de la vicepresidenta. En coro lanzaron objeciones al líder del Frente Renovador. Por ahora, de manera módica.

El problema estaría en las ramificaciones que posee el ecosistema en el que se mueve el diputado K. Uno de sus laderos principales es Pablo Moyano, parte del trio de secretarios de la Confederación General del Trabajo (CGT). La dificultad en aquella entente oficial no sería únicamente de metodología. Moyano no está de acuerdo con el rumbo general que Massa imprime a la coyuntura económica.

Es contenido por Máximo, cuya conclusión ahora es una sola: el oficialismo no tiene a mano otro ministro; no lo tendrá en las actuales circunstancias. Quizás el ministro de Economía haya dejado atrás el mejor momento. Interno y externo. El dólar soja puede haber marcado tal pico. Viene el dólar tecno: ni por asomo producirá los beneficios de su antecesor. Su necesidad de caja enfrenta otro obstáculo que hace dos meses, cuando asumió, no figuraba en los planes.

Es decir, la postergación de los aumentos de las tarifas de luz por las dificultades, arguyen, para aplicar la segmentación. Habrá que ver cómo se las arregla el ministro de Economía para explicarle en diciembre al FMI el incumplimiento de las metas fiscales. Los subsidios permanecen. Aquella fotografía es la que empieza a despertar preocupaciones en el PJ y el kirchnerismo. La primavera acaba de llegar en la región y en el país. El ministro de Economía tendría otra sensación. Más política, seguro, que climática. Aquella estación habría pasado para él.