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“Subí, que para eso se te paga”: qué pasó con Enzo, la muerte arriba de una antena

El herrero del barrio San Alberto, Alderetes, había cumplido 33 años en febrero. El viernes 12 de marzo, consignan los testigos, cumplió la orden del empleador sin estar de acuerdo. El relato de su hermana Patricia.

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Solo hay que cerrar los ojos por un instante, viajar a aquella noche de verano del 86 y abrir la puerta de la casa del barrio San Alberto, en Alderetes. Allí está la familia Orellana alrededor de una radio escuchando el partido de River contra Polonia, todos fanáticos de River, con un gorrito de River, cerca de un poster de Sólo Fútbol de Francescoli, o de una foto de El Gráfico de Francescoli, con una bandera de plástico de River, o algo de River, y de repente imaginarlos abrazados, todos abrazados gritando el gol de chilena de Francescoli a Polonia, y una promesa entre papá Néstor y mamá Teresa: “Cuando tengamos otro varón, se llamará Enzo”.

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Enzo Leonardo Orellana había cumplido 33 años el 11 de febrero pasado. Su hermana Patricia Orellana es quien le cuenta al diario el tucumano su historia. Cuando habla del origen de los nombres, por un rato, se le va la tristeza. Jura que sí, que son todos hinchas de River: don Néstor Horacio Orellana, de quien ayer se cumplió otro año de su partida, doña Teresa del Valle Santillán, y los 14 hermanos. Además de Rodrigo, Facundo, Javier, Nadia, una sobrinita y la pareja de Enzo, el joven vivía con su madre e intentaba ponerse de pie después de la pandemia y de robos de herramientas que había sufrido en el taller donde se desempeñaba como herrero.

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“No le alcanzaba con las changuitas que hacía. Y apareció la oportunidad de trabajar para esta gente. Estaba en negro. Pero mi hermano tenía la necesidad de trabajar. El último viernes 12 de marzo se levantó tempranito, desayunó con mi mamá y con la pareja que vivía. Como Enzo tenía su moto, dejó a su pareja en la Terminal y llegó al trabajo donde todo sucedió: una obra en la 9 de Julio 535, entre las 10.30 y 11”, relata Patricia, quien como todos los hermanos Orellana vive al día de su trabajo.

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“Eran tipo 11, yo estaba cocinando. Uno de mis hermanos me llama tranquilo y me dice: ‘El patrón de él me llamó y me dijo: ‘Mirá, Enzo se cayó y se quebró. Lo llevamos al Padilla’. Yo no entendía bien si se había caído de la moto o qué. Yo le dí de comer a mi familia y en lo que íbamos viajando en el auto al Padilla, también lo llaman los patrones a mi hermano Iván. Ahí nos damos cuenta que no era así nomás la cosa y a mi mamá le agarra un ataque de nervios. Llegamos al Padilla, le veo la cara a mi hermano y nos damos cuenta que algo estaba mal. Ahí estaba el patrón de él, este sinvergüenza, que me abrazó, que nos mintió”, se indigna.

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Inquieta desde niña, Patricia no se quedó con el primer impedimento que le pusieron las autoridades del hospital y llegó al médico que recibió a Enzo Orellana, médico a quien encontró y le dijo: “Su hermano tiene quebradas las costillas, quebrado el fémur, y quebrada la columna a la altura de la cintura y perforado el pulmón. Está con riesgo de vida, pero si se recupera el pulmón, puede salir”.

Apenas unas horas después de lo ocurrido en la antena, el sábado 13 de marzo, a las 18.30, Enzo Leonardo Orellana murió: “Nos avisan que había hecho un paro cardiorrespiratorio. El doctor nos dice que tenía el corazón golpeado, que tenía más huesos quebrados, un derrame interno, el pulmón mucho más colapsado de lo pensado, todas las costillas le habían entrado al pulmón. Para el velorio, no lo podíamos cambiar porque estaba todo enyesado. Lo velamos en la casa de mi mamá donde vivía y lo enterramos al día siguiente”.

Al día siguiente, con la tristeza y la angustia en lo más profundo del alma y el corazón, con el dolor debajo de los ojos, con el peso sobre los hombros, con la náusea en la boca del estómago, ahí donde solo quienes han perdido a un ser amado sabrán de qué se trata, se le sumaba a la familia Orellana una sensación que la familia Orellana no había experimentado: una mezcla de incredulidad ante lo visto, furia ante lo leído, impotencia ante lo escuchado y un desgarro que Patricia relatará sin filtros cuando, a través de un video filmado con un celular desde un edificio cercano a la obra, llegará a la familia y les mostrará a su hermano ese viernes entre las 10.30 y las 11.

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“Al día siguiente del entierro de mi hermano, empiezan a llegar mensajes, capturas, audios de compañeros, de los testigos de lo que pasó. Ahí caemos nosotros de que había pasado algo que no sabíamos. Ahí mis hermanos enloquecen. Los empleadores de mi hermano lo habían mandado a desmontar la antena bloque por bloque. Era una antena vieja, que había pertenecido a una radio, de unos 30 metros aproximadamente. Por empezar, mi hermano no era antenero. Lo hicieron subir obligado. Él no quería subir. Les dijo a los empleadores: ‘No, yo no voy a subir’. Uno de los empleadores le dijo: ‘Subí o te vas a la casa’. Mi hermano insistió: ‘No’. Y el empleador le dijo: ‘Subí, que para eso te paga’”.

“Mi hermano subió con un cinturón atado a la misma antena que tenía que desmontar parte por parte. Tendría que haber tenido un cable de vida, no había valla de seguridad abajo. Querían que subiera a la antena para que la fuera desmantelando parte por parte: tenía que soltar los bulones y desprender las partes de la antena. Hay que ver las imágenes para darse cuenta lo expuesto que estaba a lo que le pasó”, relata Patricia, ya con la voz quebrada.

“Lo que mi familia cree es que la empresa constructora donde se va a hacer un edificio mandó a su gente a desmontar la antena y su gente se negó. Entonces aparecieron los empleadores de mi hermano y lo mandaron. Estaba solo con nada, sin ningún tipo de seguridad. El video fue filmado desde un cuarto piso y nosotros creemos que, por lo menos, Enzo estaba trabajando a la altura de un octavo piso”.

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“Cuando con mis hermanos vimos el video de Enzo trabajando en esas condiciones rompimos todo: tirados en el piso, mis hermanas se arrancaron los pelos, lloramos, nos desagarramos. Somos 14 hermanos, hijos del mismo padre y la misma madre, somos una familia laburadora, humilde, soy una mina emprendedora de 42 años. Imaginate que estás conversando con tu hermano y que en dos horas te digan que te lo mataron. Vamos a vivir con eso toda la vida, a mi mamá nunca nunca le van a devolver a su hijo. Esto es una pesadilla”.

“Por si fuera poco, los que lo mandaron a subir a la antena vinieron a llorar en el cajón, a mi casa. Los empleadores han comido con mis familiares en el fondo de la casa de mi mamá. No les importa la vida de las personas. Mi hermano tenía un sueño. A mi hermano me lo han matado, no podés hacerle algo así. Las denuncias están hechas. Sé que es importante el dinero para mis sobrinos y de eso se ocupará la madre, pero nosotros vamos por lo penal: los quiero ver presos, que paguen un poco por la muerte de mi hermano. Ni presos miles de años van a pagar un poco lo que nos hicieron. Se aprovechan de la necesidad de la gente. Mil pesos cobraba el jornal. Eso valía para ellos. Eso creen que valemos”.

Este martes a las 9.30 habrá una marcha que saldrá desde Alderetes y Banda del Río Salí hacia Casa de Gobierno para pedir Justicia por Enzo:

Enzo Orellana tenía 33 años.

Enzo y Patricia, su hermana, y con su familia.