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Un nuevo engaño del kirchnerismo

EL oficialismo se movió con picardía y viveza, hay que decir que dejaron en claro, y no es que no lo sabíamos, cuán rápidos y cuán eficientes son cuando se trata de aumentar impuestos

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Congreso de la Nación Argentina

Ayer volvió a ser noticia la puja de fuerzas en un Congreso más equilibrado políticamente. La jornada dejó en claro que las peleas que se den en el recinto están para cualquiera y que tienen doble filo. La primera observación tiene que ver con la oposición que impulsó la sesión especial y, sin embargo, cuando le tocó no pudo garantizar el número para el quorum. Un papelón. Tenían un sólo trabajo.

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En cuanto al oficialismo, que se movió con picardía y viveza, hay que decir que dejaron en claro, y no es que no lo sabíamos, cuán rápidos y cuán eficientes son cuando se trata de aumentar impuestos. No sólo encontraron la manera de aprobar la justa suba del mínimo no imponible de Bienes Personales subiendo las alícuotas en las categorías más altas. Sino que incluyeron también al impuesto a las Ganancias y volvieron a marcar diferencias con quienes tienen bienes en el exterior.

Si los tienen en blanco, deben tributar en pie de igualdad como cualquier ciudadano porque simplemente la Constitución establece la igualdad ante la ley y como base del impuesto sin discriminar a las personas por su condición. No es una cuestión ideológica ni de castigos arbitrarios. Pero cómo esperar que el Gobierno no discrimine a quien crea riqueza o pudo sumar cierto patrimonio en base a su trabajo si hasta discriminan por clase cuando se refieren a los contagios por Covid.

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Antes los culpables eran los runners y ahora según el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires los que tienen mayores ingresos se contagian seis veces más de coronavirus. O sea que para Nicolás Kreplak el virus es culpa de los ricos o simplemente un vengador que distingue las clases sociales y va a la caza de esos malvados que tienen el tupé de no ser pobres y resistir aún en la enemiga número uno de este gobierno: la malquerida clase media argentina.

Violencia de género
Violencia de género

Vivimos en un país sin moneda, porque vivimos en un país sin confianza. Ayer se conoció que los argentinos atesoran USD 252.186 millones fuera del sistema, según estimaciones del INDEC. Los argentinos no ponen el dinero en el colchón por antipatrias, más bien lo ponen por la sucesión de gobiernos que en vez de resolver los problemas, los cargan en la cuenta de los que se esfuerzan.

El que protege el valor de su dinero ante la ineptitud del Estado lo único que hace es actuar en defensa propia. Simplemente eso. Ante gente que en general no trabajó en su vida, sólo vivió del Estado y se dedica a poner impuestos que a lo único que alientan es a salir corriendo. Los argentinos se dolarizan ante políticas económicas que desmantelan el peso y lo licúan con frenesí.

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Tener pesos es como sostener arena entre las manos y encima, medio año se trabaja para el Estado. Para el kirchnerismo gobernar es gastar, crear impuestos pero no crear riqueza. Por lo tanto, crear pobreza. Porque para que haya creación de riqueza, producción y crecimiento tienen que existir las condiciones que lo estimulen y respeto a las reglas de juego. Los inversores del exterior suelen preguntar: “¿Cómo quieren que llevemos dinero a la Argentina si los propios argentinos no lo dejan allí?”.

Es un planteo en el que tienen absoluta razón y total sensatez. Y ahí yace uno de nuestros dramas. Cómo no van a sentir sus inversiones en peligro los de afuera si se sienten en peligro los de adentro. Y la verdad es que no se trata sólo de los ricos o de la clase media. Con impuestos como el IVA y la inflación el Gobierno termina castigando sin piedad a los más pobres y haciendo eso que juran querer evitar cuando no acuerdan con el Fondo: ajustar. Ajustar sin dar la cara, culpando a otros. Ajustar con el poder adquisitivo enflaquecido de pobres, trabajadores y jubilados.

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