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El kirchnerismo sigue presionando a Martín Guzmán y al resto del equipo económico

La recuperación parcial de reservas por parte del Banco Central no aleja las versiones sobre cambios en el Palacio de Hacienda.

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Martín Guzmán - Banco Central de la República Argentina

Tras el nerviosismo de las últimas semanas, el Banco Central, merced a la imposición del nuevo cepo a la venta de divisas, pudo comprar alrededor de 1500 millones de dólares en los últimos cuatro días y recuperar parcialmente reservas. Sin embargo, la crisis de confianza que azota a la Argentina y que se manifestó en la escalada del dólar y del riesgo país está bastante lejos de ser superada.

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La paradoja de un Banco Central que amenazaba quedarse sin reservas en momentos en que los precios internacionales de las materias primas agrícolas que exporta la Argentina batían records fue también un síntoma de la desconfianza. Pero, sin dudas, la lucha interna en la coalición gobernante, con su disputa por el manejo de los planes sociales terminó de ayudar a que se precipitara la tormenta financiera.

Los ataques desde el cristinismo al equipo económico, liderado por el ministro Martín Guzmán y el titular del Banco Central, Miguel Pesce, no han cesado hasta hoy. Las declaraciones formuladas en las últimas horas por el dirigente camporista Andrés Larroque sumaron confusión. Larroque expresó que “la fase moderada está agotada”. ¿Acaso apuntó a la necesidad de un mayor intervencionismo del Estado en los mercados?

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¿Estará abogando por más controles de precios y más cepos cambiarios? ¿O directamente por avanzar hacia una fase propia del chavismo? El propio presidente Alberto Fernández introdujo un concepto que debe intranquilizar a muchos: “Queremos que los dólares no se vayan en viajes”, advirtió ayer, abriendo la posibilidad de un nuevo cepo al turismo internacional para los argentinos.

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Economistas estiman que cabe esperar aumentos adicionales en las tasas de interés en pesos, tanto activas como pasivas; una mayor aceleración en el tipo de cambio oficial, intentando reproducir el incremento de la inflación; mayores presiones inflacionarias, que llevarían el piso para todo este año a alrededor del 80%; una pérdida de dinamismo de la actividad económica durante este segundo semestre y una mayor volatilidad en el mercado de bonos y acciones.

Al margen de la emisión monetaria, hay otro factor que explica el fuerte incremento de la inflación. Es el hecho de que los argentinos se desprenden del dinero tan pronto como llega a sus manos, porque en sus bolsillos se derrite como un helado. Aumenta así la velocidad de circulación. Este fenómeno, junto a la deuda cuasifiscal del Banco Central, que duplica al circulante, conforman una verdadera bomba inflacionaria.

La conclusión es que resulta imposible que la situación económica aguante hasta las elecciones presidenciales de octubre del año próximo. En ese contexto, y en medio de la presión política desde el cristinismo para que se vayan Guzmán y Pesce, circuló en los últimos días el rumor de que el actual ministro de Economía dejaría este cargo si, como algunos economistas prevén, la inflación de junio es superior a la de mayo (5,1%).

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¿Quién podría agarrar esa papa caliente que es el Ministerio de Economía si Guzmán fuese despedido? La mayor apuesta pasa hoy por un exviceministro de Economía de Axel Kicillof: Emanuel Álvarez Agis, que hoy mantiene un buen diálogo con empresarios y agentes del mercado financiero, en tanto que, para reemplazar a Pesce en el Banco Central, vuelve a circular el nombre de Martín Redrado.

En definitiva, la única verdad es la realidad y la misma indica que, por ahora son solo conjeturas. Lo cierto es que cualquiera que asuma como titular del Palacio de Hacienda exigirá un mínimo de acuerdos políticos con la oposición, pero también demandará el final de las peleas entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández. Algo que no parece sencillo, al menos en el corto y mediano plazo.

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