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La mañana ridícula de Alberto Fernández

El acto organizado por la UOCRA debía constituir la culminación del Operativo Retorno. Pero una declaración previa del propio Presidente desvió el foco. Más tarde le regalaron una lapicera, y lo festejó con una carcajada.

alberto fernández

La habían pensado con la pomposa definición de “Operativo Retorno”. Sería la mañana en la que Alberto Fernández recuperara el centro de la escena con un acto en su apoyo organizado por la UOCRA, y al que el jefe de Gabinete, Juan Manzur, conminó a asistir al resto de los ministros. Complementaría la noticia del empoderamiento de Guzmán, con el paso de la Secretaría de Comercio Interior y Roberto Feletti a la órbita de Economía.

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Marcaría un punto de inflexión en la interna entre el Presidente y Cristina Kirchner, que Fernández empezaría a dejar atrás con un discurso de “unidad” pero con mensajes cifrados para la vicepresidenta y su hijo Máximo. ¿Qué podía salir mal? En fin… una vez más la seguidilla de episodios de la mañana del viernes dejó claro que el Presidente no necesita un adversario para tropezarse, y que, como los boxeadores, hace sombra, pero se golpea solo.

“El instrumento con el que más fácilmente se desacoplan los precios internos e internacionales son las retenciones. Ahora, las retenciones son un tema legislativo y necesito que el Congreso entienda el problema y llegado el caso acompañe una decisión de esa naturaleza”, sorprendió Alberto Fernández en charla con Ernesto Tenembaum pocas horas antes del esperado acto. ¿A quién sorprendió?

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Curiosamente, o no tanto ya, más a sus funcionarios que a los productores agropecuarios, a esta altura desconfiados de cualquier palabra oficial. En cambio, fueron los propios hombres y mujeres del Gobierno quienes, apenas el Presidente terminó su intervención radial, iniciaron una ronda de llamados para desmentirlo. Era inevitable imaginarlos agarrándose la cabeza y mirándose azorados al escucharlo.

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Pasaron apenas tres horas entre la declaración presidencial y el tuit del ministro de Agricultura, desmintiéndolo: “De ninguna manera se van a aumentar las retenciones ni enviar un proyecto de ley”. El ministro no tardó demasiado, pero igual ya era tarde. A esa altura los hombres de la oposición hacían fila para criticar la definición presidencial, los dirigentes ruralistas lo mismo, y la referencia a la posible suba de retenciones era el título principal en todos los sitios de noticias.

Un daño auto infligido que desdibujó cualquier pretensión de que el acto en Esteban Echeverría fuera el hecho político del día. ¿Qué podría decir el Presidente de la Nación que disimulara el despropósito anterior? La mañana del soñado “Operativo Retorno” terminó unas horas después con una escena final en sintonía con la desgracia presidencial previa, es decir en tono de tragicomedia.

Frente a los obreros de la construcción, en el palco en el centro deportivo de la UOCRA en Esteban Echeverría, su secretario general, Gerardo Martínez, le regaló a Alberto Fernández una lapicera, ante la carcajada divertida de ambos. ¿De qué se reían?, vale preguntarse. ¿Acaso no advirtió el Presidente el patetismo de la escena? ¿No pensó que el chiste que él festejaba era una triste metáfora de su propia debilidad?

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