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La vecina que una mañana se convirtió en inspectora en el camino de sirga

Ayer se acabó la vía única. Pobladores piden un semáforo para el cruce con San Martín.

INUSUAL. Liliana Vitar salió a ordenar el tránsito.

– ¡No! ¡Por ahí no podés doblar! ¡Esta calle es para subir al cerro!

Liliana Vitar no tiene silbato. Tampoco viste esos chalecos que usan los inspectores de tránsito. Sin embargo, desde las 8 de la mañana está parada en el umbral de su casa, dándoles indicaciones a los automovilistas que pasan por ahí. Es viernes y -en un rato- los gobernantes de Yerba Buena van a habilitar, formalmente, la nueva vía del camino de sirga que divide esa ciudad de la comuna de El Manantial.

“A mí, esta calle me cambió la vida. Antes, aquí había un monte al que venían los carreros a tirar basura. Todos convivíamos con esa mugre y con las moscas”, cuenta, mientras sigue advirtiéndoles a los desprevenidos en qué dirección deben transitar. Eso sí, aunque elogia la apertura de esa trocha y la decisión de destinarle una única mano de circulación, pide que se instalen retardadores de velocidad en las esquinas en las que el camino coincide con su barrio, Los Alisos. “Estamos cansados de levantar perros muertos; la gente se cree que esto es una ruta y no baja de los 80 kilómetros por hora”, añade.

Otra habitante de ese vecindario, Beatriz Sánchez, se asoma a la puerta para acotar que la esquina de San Martín y el camino de sirga pide a gritos un semáforo. “Todo el día se oyen las frenadas y los ruidos de los choques”. El diariero Luis Fernando Ibáñez refuerza ese comentario: “este cruce no es fácil. Tiene un tráfico que impresiona”.

CONTRAMANO. Establecieron manos únicas en los dos carriles del camino entre Yerba Buena y El Manantial. LA GACETA / FOTO DE INÉS QUINTEROS ORIO.-

Retorno, la complicación

Del otro lado del canal, donde empieza la jurisdicción de El Manantial, también se oyen voces de conformidad. Y también se cuelan observaciones. Una habitante del country Cerro Azul, que pide reserva de identidad, advierte que a ella y al resto se les complicará la circulación, pues al venir desde la capital de Tucumán tendrán que pasarse hasta la calle San Martín y luego retornar hasta su acceso. Y para ingresar al centro de Yerba Buena deberán bajar hasta el primer puente, y después volver a subir. No obstante, a la hora de sopesar el cambio, la balanza se inclina a favor. “Será cuestión de acostumbrarnos”, se relaja.

Para el arquitecto Germán Kern, cuyo estudio está ubicado a unos metros de Cerro Azul, en la galería comercial Quara, las complicaciones en los retornos resultarán nimias en relación a las ganancias en el tránsito. “Ahora se podrá manejar con tranquilidad”, observa. La diseñadora Lorena Milani, del barrio privado Las Cañitas, explica que el tráfico se ha vuelto un “espanto” en ese sector, en los últimos años. Desde las cinco de la tarde -cuenta-, el camino se llena de motos que andan sin luces. Por ello, se suma a la alzada de manos a favor de la implementación de la mano única, pero realiza una advertencia: “el segundo puente que hicieron sobre la calle San Martín es complicado. Ha quedado empinado y desemboca en una verdulería”. Erika Aybar, de un negocio en el paseo Las Cañas, revela que el simple hecho de sacar los vehículos del estacionamiento de esa galería resultaba una aventura, con un tráfico incesante que no le daba tregua a nadie que quisiera poner media rueda en la autovía. “Esta decisión traerá orden. Pero será necesario que en algún momento habiliten un semáforo y otro puente”, advierte.

El cambio

Desde ayer, los dos caminos de sirga que dividen Yerba Buena y El Manantial y que corren uno junto al otro -salvo por el canal entremedio- tienen una única mano de circulación, cada uno. La vía norte, correspondiente a los yerbabuenenses, sirve para subir hacia el cerro. Por la otra, sólo se puede transitar hacia el este.

Para que se establecieran los sentidos únicos primero fue necesario que el municipio construyera su trocha. Esa obra comenzó en 2015 y culminó a fines del año pasado. Pese a que los carteles que indican la dirección que corresponde se encuentran colocados desde ese entonces, los automovilistas han estado transitando a su gusto.

Ahora -con la habilitación formal-, se espera que la disposición sea respetada. Ayer, en el debut, había una veintena de inspectores de tránsito. Hacían sonar sus silbatos a diestra y siniestra. Y hasta se topaban con conductores molestos a los que debían reencauzar. Justamente, la presencia de estos varitas es otro pedido recurrente de los pobladores. Porque además del cruce con la calle San Martín (que hasta aquí se oye como el más complicado), consideran que el Estado municipal debe incrementar su presencia en toda esa zona limítrofe. Patricia Ávila y Carla Centeno revelan que ni siquiera en los horarios de los cruces de escolares cuentan con agentes. “Ahora, aparecen todos los políticos para cortar una cinta y sacarse una foto. Mandaron a barrer la calle, cortar el pasto y limpiar el canal. Pero de aquí a dos meses, ya no queda ninguno”, sintetiza Daniel Medina.

AUTOR

Soledad Nucci

Soledad Nucci