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Un hijo del Mono Ale será enjuiciado por drogar y violar a una menor de edad

Una pericia toxicológica terminó complicando a los acusados de haber abusado sexualmente a una joven en la zona de El Abasto. La fiscal María del Carmen Reuter no sólo les imputó de delitos graves a Juan Facundo Ale, hijo de Ángel “El Mono” Ale, a Martín Antonio Kermes y a Fabián “Spiri” Díaz, sino que pidió que se le extienda por tres meses más la prisión preventiva y que sean enjuiciados por cargos por los que podrían recibir penas de entre 6 y 15 años de prisión.

La víctima, representada por Patricio Char, denunció que el 8 de diciembre, después de haber estado en una fiesta, se junto con Ale que la invitó a tomar unos tragos en un galpón de la zona del ex abasto a seguir compartiendo. En el lugar, donde se encontraba Kermes, compartieron unos tragos y luego decidieron comer un asado del que también participó Díaz, que llegó después y un menor de edad que se retiró antes.

La joven relató que se despertó horas después en la casa de Díaz, ubicada en la esquina de Matienzo y Bolívar. Los mismos acusados la trasladaron en moto a su domicilio sin decirle lo que había ocurrido. Al sentir algunas molestias, vio que tenía lesiones en sus partes íntimas pese a que ella nunca había consentido tener relaciones con ninguno de los detenidos. Desde ese momento comenzó a sospechar que la habían drogado para abusarla.
La fiscal Reuter ordenó realizar una serie de medidas donde confirmó el relato de la víctima. Personal de la división Delitos contra las Personas encontraron en el galpón los envases de las bebidas que la chica habría señalado que consumieron esa madrugada y los vasos que utilizaron. 

También, en base a la descripción que había realizado la víctima, confirmaron el supuesto lugar donde se habría cometido el hecho. Por ese motivo, consiguió que los tres acusados sean detenidos primero y que luego se les dicte la prisión por tres meses y, después que se les extienda por idéntico período.
Mientras avanzaba la investigación, un anónimo dejó en la sede de la Fundación Marita Verón un sobre que contenía información sobre un caso similar que habría sido cometido por Ale. Decía además que la víctima estaba relacionada con el acusado. Reuter la citó a declarar, pero ella, desmintió esa versión.

Sin embargo, la fiscal constató que la mujer lo había denunciado en la Justicia y, gracias a la presentación que realizó en octubre pasado (dos meses antes del hecho), consiguió una orden de restricción de acercamiento a su favor. 

En aquella oportunidad, entre otras cosas, había declarado: “Vivía como presa en la casa de él. Estaba en esa casa en contra de mi voluntad”, “Le iban a hacer tiros”, “Me golpeó en reiteradas oportunidades”, “Estoy desesperada porque me quitó mi hija”, “Me dejaba encerrada”; “Lo que estoy haciendo me puede costar muy caro. No saben lo que son capaces de hacer estas personas”.
Reuter, en los últimos meses, recibió un informe clave para terminar de cerrar la investigación. Los peritos confirmaron que la víctima tenía una droga cuyo efecto genera pérdida de conocimiento. La joven se presentó a ampliar su denuncia y aseguró que nunca consumió esa sustancia antes, durante y después de haberse concretado el ataque sexual.
La fiscal, entonces, entendió que Ale y Kermes no tuvieron una participación secundaria, sino que al sospechar que podrían haber drogado a la joven, les agravó la imputación, ya que consideró que su participación fue necesaria. 
Solicitó que los tres imputados fueran enjuiciados por abuso sexual por acceso carnal, agravado por el grave daño a la salud mental y física y por haber sido cometido por más de dos personas. Si prospera el planteo y el tribunal los encuentre culpables, recibirían una pena de entre seis y 15 años de prisión.
“Este es el resultado de una gran investigación y de la valentía que tuvo la joven en denunciar el caso y seguir colaborando en la causa para que se supiera la verdad”, explicó Char, representante legal de la víctima. “No cualquiera hubiera hecho tanto. Soportó de todo hasta que el tiempo y las pruebas le dieran la razón. Ojalá que este caso sirva para que otras mujeres no se callen más por temor”, sostuvo el profesional.