Operativo Dengue

Al peronismo candidatos le faltan, pero malhechores le sobran

Si hay ladrones de guantes blancos cabría suponer la existencia de otros menos sofisticados. ¿Acaso se refirió al kirchnerismo?

alberto fernández (2)
El presidente, Alberto Fernández.
Aprestamiento Escuelas

El sábado pasado, el ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat, Jorge Ferraresi, aseguró en un acto de homenaje a Néstor Kirchner que “cuando termine este Gobierno algunos vamos a ir presos y otros volverán a dar clases en universidades internacionales”. Sonó extraño por varios motivos. El ex intendente de Avellaneda fue hasta no hace mucho uno de los promotores de la reelección de Alberto Fernández.

Daría la impresión que se trató de una fugacidad. No le estaría viendo ahora chances a esta administración para 2023. Tampoco se comprendieron bien otras referencias. ¿Teme a la cárcel porque sabe de hechos de corrupción ya cometidos? ¿O anticipa una victimización por el supuesto imperio del lawfare? Lo más llamativo, en todo caso, resultó la sensación de agotamiento de ciclo que dejó traslucir Ferraresi.

SE PA RA

Tal vez, semejante desasosiego esté carcomiendo el ánimo y el contorno del Presidente. Se lo observa, con frecuencia, desencajado. Desorbitado. No únicamente por su imagen y su tono. También por la articulación de los mensajes. Entre un manojo de confusión apenas puede detectarse una intención: la de cargar contra Mauricio Macri y el Poder Judicial. Los únicos dos imanes, a esta altura, que podrían arrimar al kirchnerismo.

“Estoy esperando –gritó con furia Alberto Fernández– que alguna vez un juez llame a esos ladrones de guante blanco y les pida explicaciones por la deuda que tomaron en nombre de la Argentina”. Permitió que sobrevolara una impronta similar a la de Ferraresi. Si hay ladrones de guantes blanco cabría suponer la existencia de otros menos sofisticados. ¿Acaso se refirió al kirchnerismo?

CEMA

¿Justo en el momento en que empieza a tomar hervor el juicio oral por la obra pública en beneficio de Lázaro Báez, que tiene a Cristina Kirchner como supuesta jefa de una asociación ilícita? No se descubriría coherencia entre la reposición de Macri en la escena política y las otras insinuaciones capaces de provocar recelo en sus adversarios internos. Tampoco puede demandarse tal coherencia en esta coyuntura. El Presidente está como está.

Lo cierto es que lo de ayer no es más que un nuevo acto de “caradurismo” de parte de Alberto Fernández. Y es que tal parece que hizo lo que en psicología se llama “proyección”, que no es otra cosa que un mecanismo de defensa por el que el sujeto atribuye a otras personas las propias virtudes o defectos, incluso sus carencias. Y es que el presidente es o se hace cuando olvida el prontuario del kirchnerismo.

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Y es que, además, de los archiconocidos casos de su vicepresidenta, su ex embajador de Israel, Amado Boudou, Jaime, De Vido, etc, en la mentalidad de Alberto Fernández lo irreal es real, porque las acusaciones infundadas que realiza, para ensuciar a funcionarios de la gestión de Cambiemos, tiene un claro destinatario: Lázaro Báez, acusado de haberse beneficiado con 51 licitaciones por 46.000 millones de pesos.

Al titular de Austral Construcciones se le pagaban por adelantado obras que luego no terminaba, cuando el actual Presidente era Jefe de Gabinete. Está todo probado y documentado en sede judicial. ¿Qué pretende Alberto Fernández con esta nueva puesta en escena? Tal vez se proponga igualar la gestión de Cambiemos con la década robada del kirchnerismo al que pertenece.

Se equivoca, porque el estado de corrupción que padeció la Argentina durante aquella etapa ha quedado cristalizada como la más corrupta y perversa de la historia nacional. Lo cierto es que los ladrones de guante blanco, de guante negro o directamente sin guantes, pertenecen a la fuerza política que sentó a Alberto Fernández en el sillón de Rivadavia. Es por ello que debería aprender a dominar su lengua.

[su_note note_color=”#0A8C06″ text_color=”#ffffff” radius=”10″ class=””]¿Y por casa cómo andamos? Si del medio local hablamos, el caso paradigmático es el de Jorge Yapura Astorga, quien está acusado de enriquecimiento ilícito y otros delitos, por compras que se realizaron con dinero de la Municipalidad tafinista en 2015, cuando él era intendente. Por entonces, hizo las compras en forma directa en el comercio Floppy III y su patrimonio registró un enriquecimiento injustificado de $ 3,1 millones ese año. [/su_note]

Para colmo, sus familiares más cercanos, como así varios colaboradores estrechos no hicieron más que conformar una asociación ilícita, razón por la cual ninguno puede justificar sus casas, autos, viajes, nivel de vida, etc. Y, aun así, se niegan a rendir cuentas ante una Justicia permisiva y cómplice del poder político de turno, lo cual conforma una verdadera burla de cara al pueblo argentino.

Por ello es esperable que, más temprano que tarde, Dios y la Patria les van a demandar hacerse cargo de todas y cada una de las fechorías que cometieron desde el poder político, aunque ahora se dediquen a desviar la atención con infamias que los pintan de cuerpo entero, sea el presidente Alberto Fernández o el legislador oficialista local, Jorge Yapura Astorga. Está claro que candidatos le podrán faltar al peronismo. Pero malhechores le sobran.

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