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Cristina Kirchner fusiló al tribunal que la juzga

El nivel de cinismo e hipocresía de la vicepresidenta superó todos los límites. Nadie, nunca antes, se había atrevido a acusar de pelotón de fusilamientos a los jueces.

cristina kirchner
Cristina Kirchner
Trasplante de medula osea

Cristina Kirchner fusiló al tribunal que la juzga. Los acusó de ser un “pelotón de fusilamiento”. Según el diccionario, “fusilar” es “ejecutar a una persona con una descarga de fusiles”. Los sinónimos son más terribles todavía. Impensables de utilizar en democracia y con paz social. Fusilar es “matar, ajusticiar, ametrallar”. La propia acusada dijo que se había sido muy generosa cuando los caracterizó como un tribunal del Lawfare.

Al comienzo de esta causa ella había dicho que la historia la había absuelto y ayer reafirmó que esa historia los va a condenar a los jueces y a los fiscales. El nivel de cinismo e hipocresía de Cristina superó todos los límites. Nadie, nunca antes, se había atrevido a acusar de pelotón de fusilamientos a los jueces. Cristina no respondió jamás con pruebas, ninguna de las serias acusaciones y encima argumentó sobre otros temas que no tienen nada que ver con el juicio.

Por ejemplo, dijo que un gobierno que ganó las elecciones no puede ser caracterizado de asociación ilícita. Nadie acusó al gobierno. La asociación ilícita es la imputación hacia algunos integrantes del Cartel de los Pingüinos Millonarios cuya jefatura ejerció primero Néstor y luego Cristina. Dijo que siempre vivió en el mismo departamento pese a que no puede justificar la fortuna colosal que hicieron en forma ilegal toda su familia.

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Varios de sus funcionarios más cercanos como sus secretarios privados, algunos ministros y empresarios amigos, empleados y testaferros. Todo el tiempo buscó, pero no logró, vincular el intento de asesinado que sufrió con esta causa por mega corrupción de estado. Tuvo un comentario que fue directamente delirante: “Brenda Uliarte, creo que lo seguía en Facebook o en Twitter al fiscal Luciani. Curiosa coincidencia”.

Creo, dice Cristina, curiosa coincidencia, dice Cristina que inventó el delito de seguimiento en Facebook o en Twitter. Tragicómico papel. En el colmo de su auto engaño acusó a los fiscales de seguir un guión de Clarín y La Nación y dijo que esos diarios no dijeron nada durante la dictadura. Se metió en su propio barro. Ni ella ni Néstor dijeron una palabra sobre la violación de los derechos humanos durante la dictadura y tampoco bien entrada la democracia.

Cristina dijo una sola verdad cuando manifestó que otros habían cometido delitos pero que “la ladrona y la chorra soy yo”. A confesión de partes, relevo de pruebas. Insistió con su teoría floja de papeles de que el Partido Judicial ahora reemplazó el rol del Partido Militar a la hora de perseguir a los dirigentes populares y condicionar a la democracia. Y de inmediato vino lo que se puede calificar como “llamar a la violencia”.

Cristina Kirchner dijo que cuando las sociedades advierten estas trampas, “eclosionan las instituciones”. Cabe preguntarse entonces: ¿Será la pueblada contra la justicia que tanto reclamaba Hebe de Bonafini antes de morir? Lo cierto es que la acusación de los fiscales Diego Luciani y Sergio Mola se hizo con tres toneladas de pruebas irrefutables, con rigurosidad técnica y con un coraje a prueba de balas.

Y cuando decimos a prueba de balas, lo decimos en todo el sentido de la palabra. Los más prudentes hablan de que, solo en esta causa, se llevaron a su casa más de 2.500 millones de dólares. No fue magia, fue mafia. Se cumplieron con todos los pasos y con todas las garantías del juicio oral y público. Fueron las últimas palabras de Cristina. Las últimas palabras antes de su condena. Cristina si se mancha.

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