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El crimen de Benjamín Amaya quedó impune

Un tribunal absolvió, en un segundo juicio, al sospechoso. Las líneas de investigación que deben ser analizadas. El acusado perfecto

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LA VÍCTIMA. Benjamín Amaya fue asesinado en agosto de 2019.
Aprestamiento Escuelas

“Siento mucho lo que le pasó a Benjamín. Lo quería mucho y jamás habría hecho algo así con él”, declaró Claudio “Cococho” Argañaraz. “Ahora estoy peleando por mi libertad. Quiero que encuentren al responsable de todo esto”, añadió. Minutos después, un tribunal lo absolvió del aberrante crimen de Ulises Benjamín Amaya (4 años). Tres años antes, por un fallo que la Corte Suprema de Justicia de la provincia había decidido anular, había sido condenado a perpetua.

El 19 de agosto de 2019, el niño abandonó su casa del barrio Jesús de Nazaret, de El Colmenar, para jugar con sus amigos. Sus familiares, al notar su ausencia, comenzaron a buscarlo. Lo mismo hicieron los vecinos. Encontraron su cuerpo colgando de un puente. Lo habían atado con un cable coaxial y arrojado al vacío.

La fiscala Adriana Giannoni comenzó a analizar varias líneas. Pero se quedó con una, luego de que una testigo de identidad reservada declarara que había visto a “Cococho” cerca del lugar donde encontraron su cuerpo. Ese testimonio y otros fueron suficientes para que la investigadora solicitara que sea enjuiciado por el crimen. En julio de 2020, un tribunal integrado por Gustavo RomagnoliLuis Morales Lezica y Eduardo Romero Lascano (y no Fabián Fradejas como se consignó ayer erróneamente) terminaron condenando a Argañaraz.

La Corte revisó el caso y anuló la sentencia al considerar que los jueces no habían analizado las pruebas que se habían mostrado en el debate. Hubo dos que sobresalen: la testigo clave dijo que vio al acusado a las 16 cerca del lugar donde fue encontrado sin vida, mientras que los familiares dijeron que estuvo en la vivienda hasta las 16.20. La otra fue el categórico informe psicológico que pidió realizar el máximo tribunal. Dos profesionales determinaron que “Cococho” tenía la edad mental de un niño de siete años y que no tenía la capacidad para planificar un crimen tan aberrante como este. Los jueces Alicia FreidenbergGuillermo Puig Patricio Prado, absolvieron al acusado y ordenaron que se inicie una nueva investigación

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Interrogante

La gran pregunta es qué se investigará. Las hipótesis que quedaron descartadas luego de que la testigo de identidad reservada implicara a “Cococho”. En esos días, entre otras líneas, se manejaron estas:

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– Los amiguitos de la víctima dijeron que ese día, por el barrio, circularon jóvenes y cosecheros del limón a los que no conocían. Los investigadores sospecharon que podría tratarse de adictos que concurrían a ese barrio para comprar drogas.

– Los pequeños, en Cámara Gesell, dijeron que en el monte cercano al lugar donde fue hallado el cuerpo había un hombre. Contaron que le decían “El Guardián” o “El Sereno”. Esa versión fue dada a conocer por otros testigos, pero, al aparecer la declaración de la testigo clave, se dejó de lado esta línea y el sospechoso ni siquiera fue ubicado.

– En un primer momento trascendió que la familia de la víctima tenía una deuda con el prestamista del barrio que, como ocurre en este tipo de lugares, son los mismos que venden drogas. Pensaron entonces que el crimen de Benjamín fue concretado por la deuda impaga. Sin embargo, esta teoría quedó descartada porque los parientes desmintieron esa posibilidad.

Un mensaje

“Uno puede sospechar que de la manera en que fue asesinado el pequeño podría tratarse de un mensaje mafioso. De alguien que dice que hago esto porque aquí mando yo”, explicó Florencia Medina Pachao, defensora del acusado.

“Argañaraz fue el acusado perfecto”, sostuvo la profesional. Una persona con la edad mental de un niño de siete años, de escasos recursos, mal defendido (la Corte decidió separar al primer abogado que lo asistió) y que nadie reclamó por su inocencia, forman parte de un combo que genera más dudas aún. Pero en medio de tanta incertidumbre, hay una realidad: el crimen de Benjamín quedó impune y, por el paso del tiempo, es muy poco probable que se sepa quién lo mató.

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