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El kirchnerismo sigue de “fiesta” y el pueblo muere de hambre

Un país en llamas, rozando una hiperinflación, con niveles de pobreza escandalosos y una sociedad desesperada. ¿Hasta cuándo?

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País de paradojas. Feas y en aumento. Para extrañeza (o no) podríamos decir que porque somos un país rico los argentinos somos pobres. De tan rico que es el país, que le sobra soja, vacas muertas, minerales, y, sobre todo talento humano, nos damos el lujo de una decadencia interminable. Nos dicen y nos decimos: la Argentina, un país que fue entre los más ricos del mundo, es hoy casi el único que va para atrás.

Pobreza

El sistema implosiona. No hace falta hacerlo estallar ni partirlo al medio con una motosierra. Se cae a pedazos solo con nosotros adentro. Los efectos de este desmoronamiento ahora en fase crítica se advierten en la crispación de la gente y en la angustia ante un presente precario que por ahora no anuncia nada mejor. La traducción en datos duros de estos síntomas la hizo el Indec: la pobreza superó el 40%. La causa profunda de este deterioro también ganó esta semana la tapa de los diarios. 

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La corrupción enquistada en el sistema, que ha hecho de la Argentina un país inviable y explica los más de 18 millones de pobres que tenemos, volvía a adquirir un rostro con el escándalo de la Legislatura bonaerense, en el que fue sorprendido un puntero peronista que vaciaba un cajero automático con decenas de tarjetas de falsos empleados legislativos. Lo cierto es que esta semana que pasó fue de lo más rica en ejemplos.

Cristina saludó, irónica, a los senadores: qué tal, cómo les va… tanto tiempo? Tenía todo calculado justito, justito, lo que la oposición ni se molestó en calcular. Hasta se dio el lujo de no encabezar la sesión que después de dos votaciones empatadas, su kirchnerista de emergencia, la senadora Ledesma, le desempató para que ella insistiera en reponer a su jueza amiga Figueroa.

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Ana María Figueroa
Ana María Figueroa

Cristina, más que la impunidad, porque reponer a su ex jueza amiga después de que la Corte la echó será algo bien raro (no imposible), lo que busca es mostrar fuerza. Como a Massa el aumento de la pobreza, le importa muy poco qué se piense de su corrupción. La pobreza no es vecina sino pariente directo de la corrupción. ¿Qué escándalo se habría producido con esta pobreza del 40 por ciento, que son 18 millones y medio de argentinos en la mishiadura, si fuera otro y no el peronismo el partido de gobierno?

Cristina Kirchner usa el Senado para tramitar su lucha contra la Justicia. Ajena al páramo que deja su gobierno (ella lo creó, ella lo manejó, ella lo destruyó), arma una sesión para meter de nuevo en la Cámara de Casación a una ex jueza de voto cantado en misión de rescate. Una suerte de golpe institucional contra la Corte Suprema. Ante el peso de la prueba de un delito que también está a la vista de todos, no tiene otro modo de zafar. Pero no se puede extender lo que no existe. ¿Cómo prolongar un mandato ya expirado?

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De cualquier modo, la sensación es que se han apoderado del Estado y lo exprimen en su exclusivo beneficio. La decadencia es tanta que ya no se toman el trabajo de disimularlo. El divorcio de estos políticos con la sociedad es total. Se entiende entonces la rebelión del voto bronca contra todo lo conocido. Javier Milei encarna un populismo surgido de la ruina material y moral que deja el populismo kirchnerista.

A otra ex ministra, Batakis, que le tiraron el cargo sin estar preparada y duró sólo una veintena de días, el gobierno la premió con la presidencia del Banco Nación. Le acaban de descubrir, junto a su gerenta general, una serie de contrataciones no sólo de familiares, por supuesto con sueldos muy convenientes, sino de una numeróloga para que con tan singular ciencia complemente la bancaria, demasiado difícil de comprender por abundancia de lógica.

La simulación es de esta familia de las paradojas. También somos el país de la simulación. En los casos en los que no se puede simular honestidad, se simula lawfare. La CGT simula ser massista de la primera hora, tanto, que no nota pobreza, inflación y dólar a 800, el mismo que a 50, cuatro años atrás era hambreador. Le hace un acto que es otra demostración de fuerza pero que no añade un voto, como el gesto de Cristina con la Corte.

Cristina Kirchner
Cristina Kirchner

De acá a diciembre, la prioridad de Cristina consiste en rescatar porciones de poder institucional y sortear la hiperinflación, que ve como una amenaza cierta a su legado; un límite incluso para la estrategia autoindulgente del gobierno que no existió. No hay peor pesadilla para el kirchnerismo que coronar su declive con su propio 2001. No en vano, más de siete de cada diez argentinos eligieron no votar en las elecciones primarias a quien definen como el peor ministro del peor gobierno de la historia democrática.

Es que Massa no solamente cometió torpezas y despilfarros. Los hizo a gran velocidad y con la cara de piedra. El candidato a presidente hoy ya no puede hacer anuncios como ministro de economía. Pero no perdió un minuto en anunciar medidas demagógicas e irresponsables que coquetean con la híper inflación y el infierno social. El jefe de la chantocracia y el masoquismo K apunta a comprarles el voto a los argentinos más desprevenidos.

Una billetera generosa para hacer campaña con los dineros de todos los argentinos. Un mamarracho institucional que no respeta las mínimas normas. Deja una bomba terrible que le puede explotar al próximo gobierno e incluso a este gobierno. Pero nada le importa a Sergio Massa ni a Alberto ni a Cristina, los integrantes del Triángulo de las Bermudas, esa metáfora oceánica donde se hundieron los sueños de la mayoría de los argentinos.

Sergio Massa
Sergio Massa

La única verdad es que Massa agarró un fierro caliente y lo convirtió en dinamita, Sergio Massa es una perinola que muestra la cara que el interlocutor quiera ver. Massa le vende humo y les dice a todos lo que quieren escuchar. Massa es el fundador de la chantocracia. En pocas palabras, lo del acto del viernes fue electoralismo berreta de muy corto vuelo. La desesperación que tiene el cuarto gobierno kirchnerista, lleva a Massa a cometer groserías y a pegarse tiros en los pies. 

La frutilla del postre la puso Martín Insaurralde, kirchnerista jefe de Gabinete del gobierno de Axel Kicillof, quien mientras el país se incendia, transcienden imágenes de su paseo por Marbella en yate con una “amiga”, quien aparece rodeada de lo que serían regalos  millonarios. Esta claro, no les importan los argentinos, tampoco los pobres, a los que engañan poniendo cara de buena gente, todo lo contrario a la realidad.

Axel Kicillof
Axel Kicillof

Irresponsabilidad que conduce al suicidio político. Han perdido hasta la mínima sensibilidad y olfato popular. Y no son capaces de oler ningún tipo de solución real para la sociedad y el país a causa de que se trata de un gobierno que no gobierna porque sólo atinan a hacerlo para ellos mismos sin importar nada más ya que salvarse es lo único que les interesa, mientras miran para otro lado en relación a lo que les pasa a los argentinos. ¿Hasta cuándo tolerará esto la sociedad?

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