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El peligro de caminar rumbo al precipicio en un país conducido por el kirchnerismo

cristina chirolita

En medio de la crisis que atraviesa la sociedad argentina en cuanto a la segunda ola de la pandemia mundial de coronavirus, tal vez a muchos les pase desapercibido el hecho de que el país está entrando en una alerta roja del tablero democrático. Y es que luego de las palabras de la vicepresidenta, que dijo que el fallo de la Corte Suprema por la suspensión de las clases era un “golpe contras las instituciones”, Cristina Kirchner se volvió una presidenta de facto.

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Y es que el término “Facto” es un término latino que significa hechos consumados, o por la fuerza de las circunstancias. Y es cierto. Cristina es la presidenta por la fuerza de las circunstancias y por un hecho consumado. Pero también se podría decir de otra forma que va en la misma línea, se la podría considerar la jefa del jefe del Estado. Esa es la principal anomalía que estamos viviendo.

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Y todos los problemas más complejos que estamos atravesando los argentinos derivan de ese pacto espurio entre Cristina y Alberto que bien podría resumirse así, “Vos me das la impunidad y yo te doy el sillón de Rivadavia”. El punto es que eso es de imposible cumplimiento. No hay manera de hacer zafar a Cristina de su cleptocracia sin romper el régimen democrático con las consecuencias que eso traería aparejado.

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cristina y alberto 1
Alberto Fernández – Cristina Kirchner

En cuanto al papel del presidente en estos momentos, en relación a su vicepresidenta, se podía decir que, conceptualmente, Alberto ya fue. Cristina lo tiene en un puño y lo redujo casi a la servidumbre. Hasta debe ser que la vice hasta disfruta con cierto sadismo cuando lo ve hundirse política y humanamente. Y sin embargo, el presidente Fernández a Cristina le dio mensajes dulces en los últimos tiempos.

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Pero terminó siendo la imagen de la rendición incondicional del primer mandatario. Eso significa que estamos entrando, más temprano que tarde en la instalación del Cristinato. Es una manera de rebautizar el “Unicato”, concepto que desde 1886, con la presidencia de Miguel Juárez Celman, resume el abuso y la concentración de poder basado en prebendas y castigos a los enemigos políticos.

En ese sentido, el Cristinato no tiene piedad ni contemplaciones con nadie. Avanza en forma autoritaria, a paso redoblado y tambor batiente. Cristina pone de rodillas a todo el mundo. Es su estilo, su forma de vivir y de gobernar. Así construyó esta actualidad que podríamos llamar “Cristinato”. El asunto es que no se debería esperar que Dios y la Patria se lo demanden, debería comenzar ya la sociedad.

Y es que tal vez la sociedad argentina no esté lo suficientemente prevenida acerca de que, llegado el punto en que Cristina Kirchner se encuentre acorralada entre la realidad económica y la judicial, nadie debería descartar una reacción desmedida que trate de instaurar en el país un nuevo orden alejado de la orientación democrática. No vaya a ser cosa que después sea tarde, cuando antes se debía prevenir que después lamentar.

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