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En el gobierno los impresentables aumentan más que la inflación

“No es el mérito lo que nos hace llegar sino la oportunidad que nos dan de llegar”, decía Alberto Fernández. Quedó bien demostrado esta semana.

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Santiago Cafiero

“La etapa de la meritocracia para mí está muerta en la Argentina porque la meritocracia es falsa, no es el mérito lo que nos hace llegar, sino la oportunidad que nos dan de llegar”. Pocas veces como en la última semana quedó tan en claro a qué se refería el presidente Alberto Fernández con su definición. Lo dejó expuesto con todas las letras Santiago Cafiero, a quien se le dio la oportunidad de llegar a canciller.

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Primero fue el papelón en Dubai. Por obvia definición, un ministro de Relaciones Exteriores debe, valga la redundancia, relacionarse con el mundo. Por triste que pueda resultar, el mundo suele comunicarse en inglés. Alguien en su cargo debería manejar ese idioma. Si no lo hace, lo cual ya es un déficit, puede hablar en castellano y apelar a un intérprete. Pero si va a acometer un texto en inglés, por lo menos debería practicar en privado, aunque sea a bordo del avión que lo lleva a destino antes de hacer esa lectura en público y dejar una imagen tan penosa.

El segundo papelón de Cafiero también lo perpetró en inglés, cuando -sin la más mínima noción de lo que implica su cargo, y sin la más mínima pizca de diplomacia, justamente él-, insultó a un periodista, Jorge Lanata, con un improperio del peor gusto. Por suerte en la votación del acuerdo con el FMI en el Senado tuvo oportunidad de lucir sus conocimientos no sólo de filosofía, la tucumana Sandra Mendoza, del Frente de Todos.

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Omitiendo piadosamente algunas otras faltas del lenguaje, apenas citaremos lo de la espada de Dómacle, seguido por un “afrentar” en lugar de “afrontar”. Un tratado de Filosofía y un diccionario ahí, por favor. Hablando de mérito y oportunidades para llegar, ahí están Alberto Fernández y otra semana para el olvido, acuerdo con el Fondo aparte. Tan intenso es todo en la Argentina que cada semana vale por tres.

Aunque parezca mentira, pasaron apenas siete días de uno de los anuncios más insólitos de la gestión presidencial: la creación de una oficina de la resiliencia. Bajo el rimbombante nombre de Unidad Ejecutora Especial Temporaria Resiliencia Argentina, a depender de Jefatura de Gabinete, el objetivo era elevar la “autoestima colectiva” y mejorar el “humor social”. La iniciativa murió antes de nacer y en el mismo día hubo debut y despedida.

Imposible no evocar a Nicolás Maduro y su creación, en octubre de 2013, del Viceministerio para la Suprema Felicidad del Pueblo. Sólo faltaría ahora que a Alberto Fernández se le ocurriera también adelantar la Navidad. Para estupor de propios y ajenos, lo que sí hizo el Presidente fue anunciar, el martes, que el viernes anunciaría, valga otra vez la redundancia, una “guerra” contra la inflación.

Más allá de lo desafortunado de la expresión cuando el mundo asiste desolado a una guerra sin comillas, la pregunta inevitable era por qué había esperado más de dos años si tenía las “armas” para hacerlo, siguiendo con la analogía. A tal punto resultó el absurdo, que la oposición preguntó con sorna a qué hora del viernes se declararía esa guerra. Lo peor del caso, de todos modos, fue que el anuncio en cuestión estuvo prácticamente vacío de anuncios.

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Alberto Fernández fue a la guerra sin siquiera una flecha en la mochila. Y lo que viene parece apenas más de lo mismo. Y para completar el cuadro, Cristina Kirchner. Una suerte de reina que llega al Senado, abre la sesión en que se votará el acuerdo con el FMI y disgustada con la situación que le toca presidir, parte de sus obligaciones, se retira a sus aposentos. Una forma de darle la espalda a sus responsabilidades institucionales.

Y, claro, al propio Presidente de la Nación que ella ungió para que encabezara la fórmula que ambos integran. Con las enormes diferencias del caso, hoy ella le aplica a Alberto la medicina que tanto le costó digerir. Y ni siquiera le atiende el teléfono. Mientras tanto, la nave va. El tema es hacia dónde. “A como están las cosas, si eres abducido no es secuestro, es rescate”, dice un meme que circula por las redes.

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