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¿Qué buscan los que revisan sin permiso el celular de sus parejas?

Un estudio demostró que el 63% de los argentinos admite haber espiado el teléfono de su pareja alguna vez. La práctica del snooping está muy cerca del acoso. Qué dice la ley y qué otras consecuencias puede ocasionar

revisar el celular
Acceso a la Justicia

Espera que se duerma profundamente y deje el celular a mano. O que entre al baño. Entonces, toma el móvil, pone la clave (si es que la conoce o la intuye) y lo abre. Cliquea el Whatsapp, Instagram o los mensajes de texto. Quiere saber todo: con quién chatea, dónde estuvo, si le mandó saludos a alguien o si hay algún nombre nuevo o desconocido entre los contactos.

¿Reconocés la escena? Ocurre mucho más de lo que creemos en la vida real. Al menos eso es lo que admitió el 63% de los argentinos en una encuesta sobre seguridad informática. Según el estudio, el 56% de los que revisaron el teléfono celular de sus parejas confesó que lo hizo sin permiso.

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El trabajo, realizado por la empresa de seguridad informática Avast, constató la información con 1.000 argentinos que se encuentran en una relación amorosa. El 78% de los que practicó el snooping (así se llama esta práctica de revisar el teléfono) está de acuerdo con que no tienen el derecho de acceder al dispositivo sin su permiso.

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De los argentinos que revisaron el celular de su pareja, el 6% lo hizo para instalar una app sin que su pareja lo supiera. Las razones que las personas encuestadas dieron para espiar los dispositivos van desde sospechas de infidelidad a simplemente curiosidad. Quería saber dónde estaba en un momento determinado fue otro de los argumentos esgrimidos. “Solemos revisarnos los teléfonos”, fue otra de las respuestas que dieron algunos encuestados.

No todas las personas que revisaron el dispositivo de su pareja lo tuvieron que hacer sigilosamente; un 42% sabía la clave de acceso de su pareja porque ésta se la había compartido en el pasado, mientras que un tercio no la necesitó, porque el teléfono de su pareja no estaba protegido por una clave de acceso.

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Otros memorizaron la contraseña de su pareja (17%), mientras que el 4% recurrió a los engaños para conseguir que le desbloquearan el móvil y así poder acceder a él, y el 2% utilizó la huella dactilar de su pareja mientras dormía para poder ingresar al smartphone.

¿Qué es lo que buscan? Los encuestados confesaron que cuando logran ingresar al celular de su pareja principalmente buscan fotos o videos, chequean apps de mensajería y los mensajes directos en las redes sociales. También revisan el correo electrónico, Apps financieras y bancarias, si tienen instaladas apps de citas, el historial de llamadas y de navegación y el historial de ubicaciones.

La ley es clara

“Ninguna forma de espionaje es aceptable; cualquier acceso no deseado es una violación de la privacidad. Además, hay una línea muy fina entre el fisgoneo y el acoso”, aseguró Javier Rincon, director Regional en LatAm para Avast. “Este comportamiento puede suponer un problema importante, psicológico e incluso físico, para los afectados que fueron espiados”, agregó.

La ley también es clara al respecto. Según explica la abogada Sofía Ibáñez – especialista en Delitos Informáticos-, espiar las redes sociales, los mails, los chats o los celulares de otras personas sin su consentimiento constituye un delito.

La Ley de Delitos Informáticos reprime el acceso indebido a las comunicaciones electrónicas. Esto fue incorporado en 2008 al Código Penal por la Ley 26.388, que castiga con “prisión de 15 días a seis meses, si no resultare un delito más severamente penado, al que a sabiendas accediere por cualquier medio, sin la debida autorización o excediendo la que posea, a un sistema o dato informático de acceso restringido”.

Según explica Ibáñez, el derecho a la intimidad se debe respetar y eso está bien claro en el Código Penal (artículo 154/153 bis). No se pueden mirar los correos electrónicos ni los chats de otras personas sin permiso. “El derecho a la intimidad se debe respetar no tan solo porque es un derecho personalísimo, sino también porque está protegido por nuestra Constitución Nacional y en Convenios Internacionales de los cuales Argentina forma parte”, aclaró. Y precisó que la Constitución establece la “Inviolabilidad de la correspondencia”.

“El derecho a la intimidad está íntimamente ligado a los delitos informáticos”, remarcó, y precisó que el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que el derecho a la vida privada es un derecho humano.

En tribunales, generalmente los casos en los que aparece el espionaje de parte de las parejas es cuando hay denuncias por violencia física y psicológica. También en casos de divorcios quisieron usar chats, pero no lo aceptaron por haber sido obtenidos de forma ilegítima, indicó.

Otras consecuencias

No solo por respeto a la intimidad. Hay otras razones por las que espiar las redes sociales, los mails y los chats de una pareja nunca es una buena opción. Mirar el teléfono de la pareja a sus espaldas es una señal de alarma frente a la posibilidad de violencia contra la mujer, remarcan los especialistas. Y desaconsejan dar la contraseña a la pareja o no proteger con estas herramientas un dispositivo. Es un tema sensible donde se pasa de una cuestión casi inocente a una invasión de la privacidad con control de esa persona y a ejercer violencia sobre ella

La psicóloga, sexóloga y terapista de pareja Mariana Luna sostiene que espiar el celular de la pareja puede causar un desequilibrio en la relación. “Esta conducta, con todo el despliegue en redes sociales que hay en la actualidad, lleva a que la persona se vuelva investigador de la vida personal del otro n lugar de hablar, de preguntar, de expresar lo que siente. Vamos como espías a revisar la vida del otro, lo cual refuerza la inseguridad de las personas que son inseguras y genera conflictos de pareja en tanto no se respeta la libertad del otro”, explica.

El camino correcto es la comunicación y poner los medios para una relación de confianza. “Por un lado me parece súper importante aprender a desarrollar el recurso de diálogo y diferenciar que hay conductas que son patológicas como la celopatía, donde estamos hablando de controlar la vida del otro, cada movimiento, a través de redes sociales. De ese tipo de vínculo no se puede sacar prácticamente nada bueno… son vínculos muy tóxicos y violentos”, aclaró.

Las microinfidelidades

La especialista habló de algo que hoy se está escuchando mucho en los consultorios de terapia de pareja: las microinfidelidades. “Es todo el coqueteo que hay en las redes pero que no es nada concreto. Sin embargo, puede generar desequilibrios dentro de un vínculo. Estas microinfidelidades provocan que la persona quiera revisar el teléfono de la pareja, puede generar mucha inseguridad cuando alguien no pone en palabras lo que está sintiendo, lo que le duele. Esa dificultad de expresar genera desconexión y falta de confianza. Es propio de los vínculos inmaduros. La confianza es una construcción a la cual que se llega cuando yo le puedo expresar al otro lo que necesito, lo que me hace bien o lo que me lastima”, aclaró.

“El tema de las redes genera muchos conflictos vinculares, mucha desconfianza, genera una falta de reconocimiento de las microinfidelidades. Hay quienes dicen ‘solo charlamos, no pasó nada’. Sin embargo, hay que comprender que la infidelidad no es el encuentro sexual con alguien, sino lo que cada persona percibe como un acto de infidelidad. Por eso es fundamental en estos contextos aprender a expresar, a compartir con la pareja las inseguridades y los miedos construir; un dialogo sano y a la vez comprender que la confianza se construye no es lo que viene sola”, explicó.

“Esto de espiar genera sufrimiento, la destrucción de la confianza y de la propia estima del que espía. Me autodestruyo investigando la vida del otro. Si alguien está dudando y decide buscar, seguramente algo va a encontrar”, concluyó.

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