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Un gobierno sin plan, con dádivas y un clientelismo desvergonzado

cristina kirchner y alberto fernández
Cristina Kirchner y Alberto Fernandez

La semana que termina lo hace dejando más dudas que certezas. Muchas preguntas y pocas respuestas que acerquen alguna precisión. Y es que, ¿podrá el oficialismo revertir el resultado electoral del 12 de septiembre? Esta cuestión fatiga tanto a la coalición peronista/kirchnerista como a los opositores. Es la inquietud del momento, la que corta el sueño a unos y otros.

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¿La estrategia que baja el Gobierno, que incluye poner plata en la calle, declarar por decreto el fin de la pandemia y la impronta peronista del remozado Gabinete, les permitirá recuperar los votos perdidos? ¿O se trata solo de un recurso tan riesgoso como desesperado que en cualquier caso terminará hipotecando el futuro de todos? En ese sentido, durante la semana, Daniel Gollán, ex ministro de Salud de la Provincia de Buenos Aires, la hizo fácil.

Para el ahora candidato a diputado nacional “con un poco más de platita, las fotos de Olivos no hubieran molestado tanto”, dijo parafraseando a una vecina enojada por la escasez. Instalada la cuestión, no tardó en viralizarse. Populismo explícito. Humillante a más no poder. Gollán compra barato en el delivery de votos. Sale de shopping con plata ajena. Una exposición brutal del clientelismo en su forma más miserable.

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Más pobres se fabriquen, más pobreza se genere, más barato sale comprar el voto que permitirá mantenerse en el poder. A qué seguir participando. Las revulsivas declaraciones no suponen una novedad. Están en línea con la lectura de las razones que llevaron a la “catástrofe electoral” que hizo la mismísima jefa del espacio. En la carta del oprobio, en la que Cristina Kirchner ultrajó la figura presidencial, le recrimina a Martin Guzmán haber subejecutado el déficit fiscal.

Este es su Pollo
Este es su Pollo

A su modo. lo conmina a poner en la calle el equivalente a 2.4 del PBI. “Que afloje con el ajuste”, propone Cristina Kirchner. “No estamos en un contexto que permita amarretear, ahora hay que hacer todos los esfuerzos posibles frente a la necesidad de la gente”, sumó Andrés “Cuervo” Larroque. Tiro por elevación al vapuleado ministro de Economía que cometió la osadía de enmendar una interpretación de Cristina Kirchner a propósito de si hubo o no ajuste fiscal.

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Sin nada nuevo para proponer, el oficialismo conjuró la crisis echando mano a la mesa de “saldos y retazos”. Cristina Kirchner resignó posiciones y salió a buscar resguardo entre gobernadores e intendentes dando entrada a la vieja guardia del PJ. Al frente del no tan flamante staff, madrugador e hiperactivo, Juan Manzur, convocó a tempranera reunión de Gabinete y dispuso medidas sanitarias sin consultar con científico alguno.

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Juan Manzur

Es médico y fue ministro de Salud y con eso le basta y sobra. Subordinación y valor para Carla Vizzotti. Siempre dispuesto a presentar batalla regresa Aníbal Fernández. Funcionario todo terreno, Aníbal suma a su tarea de Ministro de Seguridad, la escudería mediática del nuevo gobierno. Lo suyo es 7×24. Será difícil disputarle protagonismo. Julián Domínguez, vuelve enfocado en recomponer la deteriorada relación con el campo.

Humilde, pide ayuda para restañar las heridas abiertas por las desatinadas medidas de los últimos meses. Busca con buenas maneras diluir los efectos deletéreos de su refriega electoral con Aníbal Fernández, cuando allá por el 2015 motivo encontronazo que dejó en archivos todavía frescos, una verdadera colección de denuncias y agravios impropios de una interna. ¿Es este solo un Gabinete de transición? ¿Está pensado para ganar o solo para sobrevivir?

¿Se trata de un recurso fríamente calculado, de un nuevo alarde de pragmatismo político o es la materialización de la impotencia? ¿Qué pasará con esta curiosa alquimia después de las elecciones? ¿Qué ocurrirá si se profundiza la derrota o, eventualmente, si se achican las diferencias? ¿Fueron puestos ahí para quedarse, para definir un nuevo rumbo más derechizado y componedor o son solo un colectivo llamado a cargar con un nuevo y eventual fracaso electoral?

Cristina Kirchner gana la feroz pulseada con Alberto Fernández imponiendo el desplazamiento de Santiago Cafiero y sujetando en el estratégico ministerio del Interior a Wado de Pedro, pero busca refuerzo en lo más territorial y baqueteado del PJ. Ese del que renegó siempre. Ese en el que se atrincheran los señores feudales de las provincias y los incombustibles barones del conurbano cuando de resistir el avance del camporismo se trata.

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El resultado electoral hizo implosionar la coalición, dejó a la intemperie la profundidad de la grieta interna. Las PASO sacaron a la luz las debilidades intrínsecas, las irreconciliables diferencias que anidan en el error de origen de la fórmula presidencial y la pretendida unidad contra natura presentada en las primarias. “Nosotros no perdimos porque no competimos con nadie”, dijo Aníbal Fernández.

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Aníbal Fernández

En la semana que pasó para no volver, Mario Ishii hace su aporte a la tensión. El recinto a cielo abierto recitó uno de los versículos más recurrentes de la mística K. Él la emprendió contra los periodistas. Meritorio, no se anduvo con chiquitas. Lo suyo fue lisa y llana instigación a la violencia. “Un día el pueblo se va a levantar contra los medios, no puede haber tanto veneno… no puede ser pegarle y pegarle al Presidente”.

Impecable, pero a destiempo. Justo ahora que Alberto Fernández intenta sobreponerse a la feroz golpiza que le propinaron la diputada Fernanda Vallejos y luego con mejores modos la mismísima Cristina Kirchner. Tras declarar el fin de la pandemia por decreto el Gobierno que hoy encarna Juan Manzur baja una batería de medidas. Casi todas ellas son cortoplacistas y desembozadamente electoralistas.

Alberto Fernández relega el centro de la escena que ahora ocupa ampuloso el nuevo Jefe de Gabinete. Juan Manzur aporta todo lo que está haciendo falta. Experiencia de gestión, volumen político y despliegue de poder. Lejos de ser factor de cohesión todo lo suyo hace ruido al interior del kirchnerismo. Está en las antípodas ideológicas y de estilo de Cristina Kirchner. Ya despertó encendidas reacciones del colectivo feministas pero el hombre no acusa recibo.

Es por ello que cabe preguntarse entonces: ¿Cuánto durará este nuevo entendimiento?, ¿Cuánto tardará está nueva fórmula heterodoxa? ¿Servirá para ganar o solo para zafar? ¿Cuánto tardará en explotar una nueva bomba de fragmentación? En ese marco, el gobierno pretende revertir el resultado de las PASO por medio de dádivas y clientelismo desvergonzado en un clásico artilugio del peronismo.

En General Rodríguez y Avellaneda, por mencionar dos casos, ya aparecieron videos que muestran al gobierno regalando heladeras y bicicletas. Por lo bajo se comenta que el gobierno cree que perderá la elección nacional pero apuesta a mejorar, más allá de Buenos Aires, dos provincias: Chubut y La Pampa. Nadie sabe cómo seguiría esta historia si el gobierno pierde. En medio del vendaval, la Casa Rosada confirmó el embarazo de Fabiola Yañez.

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En definitiva, la búsqueda del voto perdido se hará con un elevado costo fiscal, fuerte emisión monetaria y elevados riesgos en materia de aumento de la inflación, de agotamiento del crédito al sector público y de presión sobre el tipo de cambio. Y para colmo, con la conformación del nuevo Gabinete, el gobierno viajó a través del túnel del tiempo para buscar lo peor del pasado y seguir arruinando la vida de los argentinos.

Sin dudas, está más que claro que es momento de hacer valer el resultado de las PASO e incrementarlo, hasta que estos personajes de dudosa historia salgan definitivamente del mapa político y de la toma de decisiones en nuestro país. Ha llegado el momento de frenar este tren que lleva al país a la decadencia absoluta, con 70 años de peronismo, de fascismo y de régimen kirchnerista.

Es momento de elevar el nivel de nuestro sistema democrático, dar un paso de calidad política, institucional y humana, no debemos desaprovechar esta coyuntura. La sociedad se hizo oír en las PASO, reafirmará sus voces, su creencia firme de que es momento de cortar de raíz con esta realidad que estamos atravesando por culpa de los mismos de siempre. El voto popular es y será el protagonista.

Es una obligación civil y moral votar el 14 de noviembre, dejar de quejarse y hacerse oír en las urnas. Votemos por nuestros hijos, por nuestros padres, por la libertad, por la justicia, por los derechos individuales, por vivir en paz, votemos por la República Argentina. Ratifiquemos el 12 de septiembre y ampliemos nuestro horizonte, para que nuestros hijos y nietos crezcan en un país digno y se sientan orgullosos de ser argentinos.

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