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Detectan un stock promedio de dos millones de vacunas sin aplicar

Un relevamiento contrasta día por día las dosis arribadas versus las utilizadas.

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Un problema es la escasez de vacunas contra el Covid. Otro, qué se hace con esa escasez. Es decir, con las vacunas que efectivamente llegaron a la Argentina. Durante los primeros meses del año las dosis arribaron con cuentagotas. Pero hay un dato que potencia la fragilidad de ese escenario: las vacunas que el país tenía y pudo haber aplicado antes.

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En diciembre, enero y hasta mediados de febrero el stock “ocioso” casi no existió, porque ingresaron pocas dosis y se utilizó la gran mayoría. Entre marzo y mayo el flujo empezó a crecer y, según se desprende del análisis de los datos, el ritmo de vacunación no aumentó en la misma medida.

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La intuición de ese desfase entre dosis disponibles y aplicadas siempre existió. Bastaba con echarle un vistazo cotidiano al Monitor Público de Vacunación para observar lo desparejo de la campaña y, sobre todo, la baja de los fines de semana. Ahora, un balance que contrasta cifras y arroja algunas conclusiones.

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La sospecha es que si Argentina hubiera apretado el acelerador a fondo para inmunizar a la mayor cantidad de población en el menor tiempo posible, menos pacientes hubieran poblado las terapias intensivas y éstas hoy no mostrarían niveles tan altos de ocupación. Ese respiro podría haber evitado el apuro del Gobierno por disponer de un nuevo confinamiento estricto.

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Los datos se desprenden de un informe elaborado por los equipos técnicos de la Fundación Alem. Allí se detalla, día por día, cuántas vacunas ingresaron al país y cuántas se aplicaron. Ese cálculo da como resultado que, en promedio, hubo un stock de 2 millones de vacunas que podrían haberse suministrado más rápido.

Para tener una idea de lo que significa esa cantidad de vacunas sin aplicar, basta revisar que en el trimestre en cuestión se sumaron en el país 1.669.761 nuevos casos de Covid y 26.016 muertes. Esto no quiere decir que con más dosis aplicadas se hubieran evitado todos esos decesos, pero es probable que no hubieran sido tantos.

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El stock promedio de dosis en “depósito” durante el periodo analizado, exactamente de 1.990.049 vacunas, es previo al mayor volumen de vacunas ingresado a fines de mayo. Si se consideraran esos últimos arribos, el promedio de lo subutilizado sería superior. Pero el objetivo fue observar cuántas dosis no se habían aplicado antes de la llegada de los lotes más caudalosos.

El trabajo permite dibujar una “curva del stock” de vacunas. Ahí se aprecia que luego de esos primeros meses de verdadera sequía (del 24 de diciembre al 24 de febrero), la disponibilidad empezó a crecer y nunca bajó todo lo que podría haber bajado en medio de la obvia urgencia por inmunizar a los grupos de riesgo.

La aplicación de las vacunas depende de las provincias. El Gobierno nacional distribuye y, luego, cada distrito se ocupa de vaciar los viales en jeringas que inyectan a sus habitantes, según el orden de prioridad establecido, y de registrarlo en el sistema. Algunos distritos lo hacen más rápido, otros más lento. El resultado, a la luz de las cifras relevadas, no ha sido el mejor.

El dato llama la atención porque la capacidad operativa del país sería superior a la observada. Los datos indican que hubo una gran cantidad de vacunas sin aplicar. Según el informe, el primer pico de stock ocurrió a comienzos de marzo, cuando en todo el territorio nacional la disponibilidad trepó a 2,5 millones de vacunas.

El 24 de marzo, todavía había 1 millón disponible y ya ingresaron nuevos lotes. Fue entonces que el stock volvió a crecer para llegar el 8 de abril a un nuevo pico de 2,5 millones de dosis. En ese momento, el ritmo de vacunación se aceleró un poco más, dado que el 23 de abril la cantidad de vacunas que quedaba sin aplicar había descendido a 750 mil.

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Con algunos altibajos leves, el stock de vacunas mostró desde entonces una clara tendencia ascendente. Sólo hubo pequeñas caídas, lo que daría cuenta de la lentitud con la que avanzaba el operativo de inmunización. Tanto es así que el 8 de mayo se llegó a un nuevo pico récord en el stock, que superó los 3,5 millones de vacunas.

Esa cifra descendió hasta apenas por debajo del millón y medio de vacunas el 23 de mayo, cuando nuevos lotes comenzaron a arribar a la Argentina, para que a fines de ese mes el stock disponible ya superara los 4,5 millones de dosis. Siempre se ve una capacidad ociosa, es decir, una cifra bastante superior de vacunas disponibles a la aprovechada.

Como se aclaró antes, el pico de fines de mayo no fue considerado para calcular el promedio de subutilización, ya que al cierre de este informe no había transcurrido el tiempo necesario para administrar esas últimas dosis. En conclusión, los registros dejarían en evidencia que desde marzo la velocidad de inoculación nunca estuvo a la altura de las vacunas disponibles.

Un relevamiento complementario, da cuenta de que en la tercera semana de mayo (antes del arribo de los lotes demorados de AstraZeneca) el promedio nacional de vacunas aplicadas con respecto a las disponibles era del 81 por ciento.

Las provincias con peor promedio: Jujuy (69%), Misiones (70%), Santiago del Estero (71%), Salta (72%), Chubut (75%), Chaco y Tierra del Fuego (76%), Corrientes, Tucumán, Formosa y Entre Ríos (77%), Córdoba (79%) y Santa Cruz (80%).

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Las de mejor performance: La Pampa (97%), San Luis (91%), Ciudad de Buenos Aires, Río Negro, Neuquén y La Rioja (88%), Catamarca (85%), San Juan y provincia de Buenos Aires (83%), y Mendoza (81%).

El Gobierno nacional ha atribuido a la complejidad logística del operativo nacional que la campaña de vacunación no haya avanzado a mayor velocidad. Recién en los últimos días el Ministerio de Salud pudo celebrar en un comunicado de prensa el logro de haber suministrado 2 millones de dosis en una semana, lo que representó 285.714 cada 24 horas.

Si bien los centros de vacunación no responden a Nación, sino a cada provincia, la distribución y coordinación del conjunto de la campaña dependen de Presidencia. Este funcionamiento es blanco de estudio de la Auditoría General de la Nación, donde se busca determinar la eficiencia del “Plan Estratégico para la Vacunación contra el Covid 19”.

Una pregunta incómoda es si el hecho de no haber vacunado más rápido ha tenido que ver con el ’temor’ a que no llegaran a tiempo nuevos lotes y las provincias se quedaran sin dosis. Cabría determinar si la envergadura del volumen ocioso fue deliberada o si esa lentitud se asocia sólo al nivel de coordinación y desempeño que logró la campaña.

Según el registro del último sábado, de vacunas disponibles versus aplicadas -ya había ingresado al país un volumen más importante de dosis-, el promedio nacional era del 78 por ciento. Algunos distritos mostraban una mejora: Ciudad (89%), Córdoba (84%), Jujuy (79%), La Pampa (99%), San Luis (96%), Santiago del Estero (75%) y Tierra del Fuego (82%). El resto del país se ubicaba en valores aún más deficitarios que antes.

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