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Sergio Massa es el responsable de una inflación descontrolada

El ministro de Economía arrancó con una inflación del 78,5% y ahora está en 98,8%.

cristina fernández de kirchner y sergio massa
La vicepresidente Cristina Fernández de kirchner y Sergio Massa
Descacharreo

Han pasado once meses, casi un año, desde que cargando un 55,1% anual aún incipiente en su mochila Alberto Fernández le declaró públicamente la guerra a la inflación. Visible en las cumbres del 100% de la estadística oficial, el Presidente ha sido derrotado sin que se notara el ruido de los tanques. En ese marco, cabe mencionar que de traspié en traspié va también Sergio Massa.

El hombre al que Alberto Fernández, la propia Cristina Kirchner intensamente y buena parte del poder económico le pusieron fichas en cantidad, pensando en que cuanto menos lograría aflojar la fiebre remarcadora. Y que, de seguido, cada cual podría atender su juego. El diputado devenido ministro con ancho margen de maniobra desplegó las fichas que a él le quedaban, con la mira orientada a fortalecer su porvenir político y antes de que la realidad se lo llevara puesto.

La cuestión es que la realidad pide especialistas y planes articulados y que, encima, el tiempo propio lo apremia. No bien asumió, a comienzos de agosto, Massa anunció un acuerdo con empresarios bajo el formato Precios Justos que regiría entre noviembre 2022 y febrero 2023. Plantó un techo del 4% mensual para los aumentos que buscaba ser, a la vez, un parámetro capaz de empezar a ordenar el desbarajuste de los precios relativos.

En noviembre, la inflación cantó 4,9% y sobre un lote de 32 bienes y servicios esenciales incluidos en una planilla del Indec, sólo en cinco se respetó la cota del 4%. Ya aquí hubo 27 que saltaron el cerco; entre ellos, las frutas con el 13%, las tarifas de la luz con 11% y el 8% de alquileres. Nada muy diferente, al toque diciembre anotó un 5,1%; con destacados 10% en frutas, 8,9% para verduras y 6,9% en prepagas.

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El episodio siguiente de esta miniserie plagada de cifras que abruman fueron los Precios Justos proyectados al 3,2% mensual entre febrero y fines de junio de este año. Ni siquiera llegaron a arrancar, porque enero los atajó con un 6% y tiró abajo la estantería. Patinada completa: esta vez no hubo un solo rubro de la listita de 32 que en enero se hubiese acomodado al 3,2% y menos por debajo del 3,2%.

Acompañan la performance del ministro de Economía otro par de datos, ahora en versión anualizada. En el agosto de su debut, la inflación decía 78,5% y en enero pasado, con un semestre en el cargo, el Indec selló un 98,8% sin precedentes cercanos en el país de las inflaciones desbordantes. Ese salto de 20 puntos porcentuales en tan poco tiempo plantea que Massa no está cada vez más cerca de controlar la inflación, sino cada vez más lejos.

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Es lo que muchos perciben y lo que suena a intento de macaneo cuando se lo pretende ocultar. Pese al cuadro que los números del Indec muestran por donde se mire y al relato que esos números desmienten de punta a punta, el viceministro de Economía de la Nación, Gabriel Rubinstein, acaba de sostener: “Los acuerdos de precios firmados registran un elevado grado de cumplimiento”.

Como quien anda a tientas, en el mismo acto Rubinstein pega un viraje y de hecho reconoce que algo falló y falló sin vueltas: “Esperamos que hacia fin de año las tasas mensuales se acerquen al 3%”, dijo. Esto es, el 3 o el 4% que gracias a los acuerdos de precios ya debieron haber llegado. Y nuevamente en tren de esperar, Rubinstein metió en el paquete de fin de año a la tasa del 60% anual que figura en el Presupuesto.

Y que el Gobierno aspira a convertir en la pauta que contornee los aumentos salariales. Según especialistas encuestados por el Banco Central, el 60% se alcanzaría entre agosto y septiembre. Es súper conocida la estrategia kirchnerista de patear todo para adelante, pensando en arreglar un panorama nada propicio políticamente. Pero eso de correr el 3% de hace unos meses hacia fin de año se parece bastante a tirar como se pueda o, más bien, huele a desorientación.

Como quien dice: ahora vamos con el 4 y después con el 3,2 y al final de nuevo con el 3. Este desconcertante revuelo de plazos fue alumbrado apenas el Indec difundió el 6% de enero y algunas consultoras empezaron a hablar de “cerca del 7%”, para el costo de los alimentos en febrero. Anticipo de los movimientos en los precios minoristas, el índice mayorista de enero marcó un 6,5%.

Como se advierte, todo entre 6 y 7% y nada semejante a las aspiraciones del kirchnerismo. Un fenómeno de la misma familia, aunque con muchísima plata de la grande en juego, orbita alrededor de la cada vez más onerosa deuda en pesos del Estado y de la necesidad de bicicletearla todo el tiempo, para aventar trastornos desestabilizantes. Cosa de estos días fue, justamente, la demanda que generó un lote fuerte de Letras del Tesoro atadas a la inflación que licitó Economía.

Y es que se colocaron $320.000 millones, pero a muy corto plazo y al costo de convalidar un plus del 5,24% sobre la indexación misma. En el mercado el adicional es 5,1%. Sea por precios, por el tipo de cambio oficial o por un mix de ambas variables, la indexación manda sin vueltas en la deuda pública argentina: el 80% de un paquete que ronda unos 14 billones de pesos lleva ese sello. Puesto de otra manera y en modo desconfianza, sin esa cobertura costaría mucho o saldría más caro todavía encontrar fórmulas de repago.

Previsible ante semejante berenjenal, nadie quiere hacerse cargo de las patinadas con los índices de inflación y menos con la inflación misma. Previsible dos, la pesquisa interna apunta a un funcionario de segunda línea de Economía, como si los controles, descontroles, vedas, cepos y recontra cepos no fuesen piezas históricas del arsenal kirchnerista. Y si de verdad la investigación pasa por ahí, no vendría mal echarles un vistazo a los movimientos de Kicillof que usó esas herramientas a destajo en sus tiempos de ministro de Cristina y todavía las recomienda.

Cantada, la clave es evitar disparar culpas sobre quienes están en la cúpula del poder o la frecuentan. Como si Alberto Fernández, Cristina Kirchner, Sergio Massa y alguno más fuesen ajenos a los resultados de la gestión del gobierno que integran. E integran en puestos de mando hace nada menos que tres años largos. En ese marco, cabe realizar una pregunta a propósito del lugar en el que ciertamente van las cosas.

¿Ninguno de quienes pisan fuerte carga al menos con la responsabilidad de ver y no hacer nada, mientras el costo de la canasta alimentaria básica iba empinándose hasta acumular un 337% durante esos tres años? No entra aquí la posibilidad de culpar a un gobierno de derecha, ni tampoco, claro está, a uno progresista. Tenemos uno llamado kirchnerista, compuesto por cuadros que presumen de capacidades de las que carecen y encima pretenden hacer valer.

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