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El kirchnerismo convirtió a la Argentina en un país trastornado

Nadie del Gobierno está focalizado en lo que verdaderamente ocurre.

alberto fernández
El presidente Alberto Fernández- Rodrigo Nespolo

Las últimas declaraciones de los principales funcionarios del país han sido desopilantes. Cada una de las palabras vertidas por quienes gobiernan este país ha dado sobradas muestras de lo alejada que está la política oficial de la realidad de la Argentina. El presidente Alberto Fernández intentó destacarse hablando en “idioma inclusivo”. Este fue el puntapié inicial del delirio total de estos días.

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En paralelo a que se daban a conocer las pruebas “Aprender” explicando que 7 de cada 10 chicos de bajos recursos no comprenden los textos cuando los leen. La educación es la propia muestra de la decadencia argentina, decadencia ésta sobre la cual nadie de la clase gobernante tiene intenciones de hacer absolutamente nada. A menores recursos, menor educación. A menor educación, peor futuro. A peor futuro, mayor pobreza.

Hoy están condenando a quienes nacen pobres a serlo durante toda su vida. La única inclusión verdadera es la educación. Sin embargo, parece que no solo el Presidente pierde su valioso tiempo expresándose con la “E”: el gobernador de la Provincia de Buenos Aires Axel Kicillof cuestionó a España por imponernos un determinado lenguaje. “No nos van a explicar desde España como tenemos que hablar” decía sin sonrojarse el ex Ministro de Economía.

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Para colmo, el exabrupto de Kicillof no termino ahí: pidió “no decir palabrotas o guarangadas”. Parece que el gobernador si puede decirnos que palabras podemos usar y cuáles no. Cristina Fernández de Kirchner también fue protagonista del disparate general de esta semana. Con su IPhone 13 Max en la mano se quejó por el “festival de importaciones” que tiene en vilo a la economía argentina.

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Y es que sin tener la menor idea de los datos que estaba en paralelo publicando el Indec sobre comercio exterior: el 87% de las importaciones responden a bienes intermedios, materias primas o bienes y servicios necesarios para que la economía funcione. Como dato adicional, algo más del 20% del total importado corresponde a energía. Parece que tampoco la Vicepresidenta tomó en cuenta la inflación internacional.

Ni tampoco se detuvo a evaluar el incremento de precios nominales de algunos productos, especialmente los de la energía. Más aún: no reconoce las grandes distorsiones que existen en el mercado cambiario que hacen que los incentivos para los exportadores (que generan los dólares) sean prácticamente inexistentes mientras que los incentivos para los importadores sean cada vez más, habida cuenta que el dólar oficial tiene un valor irrisorio.

Del otro lado de la interna oficial Gabriela Cerruti aprovechó para contestar de manera tajante a las apreciaciones de la vicepresidenta: “no hay ningún festival de importaciones” sentenció. Hasta ahí la respuesta sonaba correcta, sin embargo, la vocera siguió con su justificación: “el incremento en las importaciones responde al crecimiento”. Absolutamente increíble que con 40,7% de pobreza, el gobierno justifique el crecimiento de importaciones con el crecimiento de la economía.

Incluso utiliza el supuesto milagro económico actual para explicar el faltante de gasoil: la portavoz dice que Argentina ha recuperado el nivel de actividad del año 2018. Lo verdaderamente interesante resulta que en aquel año no había faltantes de gasoil, a pesar de que la economía dependía tanto de ese combustible lo hace hoy. La única verdad es la realidad: hoy 21 provincias tienen problemas de abastecimiento de gasoil.

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Y nadie parece estar haciendo nada para que esta brutalidad quede resuelta. El último de los temas sobresalientes ha sido del mundo de los planes sociales: millones de planes que todos se desesperan por controlar. Sin embargo, nadie puede explicar por qué en un contexto de supuesto crecimiento económico y con el desempleo en baja, los planes sociales son cada vez más.

Está claro que lo único que les importa es el negocio que significa el presupuesto social. La Argentina ha perdido el rumbo. Nadie del gobierno está focalizado en lo que verdaderamente está ocurriendo en el país. La política debe comenzar a observar el futuro, un futuro que no parece ser el que alguna vez los argentinos de bien imaginaron: cambiar lo que viene depende exclusivamente de un presente al que los gobernantes no parecen estar prestándole atención.

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