Vacunación Dengue

Javier Milei tiene que entender que a la libertad no se la garantiza con un grito

El presidente debe aprender también que hacerlo desde la posición que ocupa implica un abuso de poder sumamente dañino.

Javier Milei
Vacunación Dengue

El gobierno de La Libertad Avanza era una incógnita. La llegada de un Presidente sin experiencia de gestión, sin partido político y con una mínima trayectoria política obligaba a esperar el paso del tiempo para emitir juicios sobre su capacidad de gobernabilidad y sobre muchas críticas que fueron asomando durante la campaña, tales como su marcada intolerancia. Lamentablemente, no hizo falta mucho tiempo, las sospechas se convirtieron en hechos y quienes dudaban entendieron que tenían razón.

Bastaron menos de cuatro meses para demostrar que la intolerancia al disenso está a la orden del día en el gobierno en tanto sus ademanes, cada vez menos disimulados, los acercan más a un populismo autoritario que a la utopía desarrollista y liberal que proponen. Al menos desde 1983 a la fecha en Argentina parecieron brotar, germinar y/o afianzarse una serie de consensos básicos, gestas difíciles si las hay en nuestro país, tales como la reivindicación de nuestras Islas Malvinas; la educación laica, gratuita y de calidad para garantizar oportunidades a todos; y, por supuesto, la democracia como el mejor sistema político y forma de vida.

Asistencia Pública

Una democracia que, además de exigir que los electos tengan el respaldo de la mayoría de ciudadanos, obliga, también, al respeto irrestricto de las minorías y de las libertades públicas entre las que se destacan las libertades de opinión, de prensa, asociación, de expresión de la propia opinión y de reunión; pilares fundamentales de una república sana y de una convivencia plural en un país amplio como el nuestro.

Cumplimos

Lamentablemente, en el último tiempo estos pilares están siendo discutidos, no para lo que uno esperaría: su mejora, progreso y expansión; sino para lo que se avista como un peligroso retroceso, a tiempo de ser enmendado. Estamos viendo cómo el Presidente de la nación, el ciudadano con mayor responsabilidad en todo el país, está sometiendo al escarnio público a cuanto periodista ose criticar la más mínima decisión de su gobierno.

Planta Asfáltica

Descalificaciones, agravios, insultos se amontonan contra periodistas comprometidos con la defensa de las dimensiones liberales de nuestra constitución: las libertades públicas y la división de poderes. Los ataques impiadosos contra Jorge Fernandez Diaz, Joaquín Morales Sola, María Laura Santillán, Romina Manguel, María O’Donnell, Jorge Fontevecchia, Jorge Lanata, Laura Serra entre otros, marcan una práctica autoritaria típica, vista en los peores años de las presidencias kirchneristas cuando se marcaban periodistas, se pegaban afiches con sus caras en la vía pública y se llenaba la Plaza de Mayo para hablar en su contra.

La dos veces Presidenta y reciente Vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, se destacó por su negación a aceptar críticas y por desarrollar una política de medios que instalara un relato oficial para legitimar su gobierno a la par que silenció y buscó eliminar voces disidentes y empresas periodísticas opositoras. Queda en evidencia, entonces, que sean de izquierda o de derecha, los populismos traen prácticas que amenazan los principios democráticos.

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La libertad de expresión y la información pública son derechos constitutivos de la democracia que hoy corren un potencial peligro si el Gobierno continúa por un camino de bloqueo al disenso y promoción de la intolerancia. Gobernar bien significa tender puentes, ensanchar el diálogo y promover consensos que sean eco de la mayor cantidad de voces posibles, a la par que se es tolerante y receptivo con la disidencia – de suma importancia en su rol de control y contrapeso – de otra forma no seríamos diferentes a un Estado monárquico y verticalista.

El Presidente debe aprender que a la libertad no se la garantiza con un grito y que hacerlo desde la posición que ocupa implica un abuso de poder sumamente dañino para un país que decidió vivir en democracia hace 42 años. La mayoría de los argentinos confiaron en él, no para repetir las mañas kirchneristas que nos dejaron en la decadencia no sólo económica, sino política e institucional sino para dar un salto superador.

La cooptación del poder, el abuso de las posiciones ocupadas en pos de la impunidad, la censura a quienes son independientes son métodos a los que la sociedad dijo NUNCA MÁS. Las movilizaciones masivas en contra de aquellos desbordes autoritarios y el voto mayoritario en contra del autoritarismo k fueron la clara señal de esto. No hay libertad y progreso posible sin voces independientes en la Argentina. Si la anestesia y el miedo es total, la democracia y la República están en peligro.

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