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Se acerca el final del kirchnerismo

El paso del kirchnerismo por el poder en la Argentina consistió en la estafa más extraordinaria que pudo haber padecido este maravilloso país por la colosal dilapidación de riqueza que produjo y las consecuencias para sus ciudadanos, sobre todo, los de menores recursos que ingresaron o se reafirmaron en la pobreza

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Cristina Kirchner (Archivo)
Monóxido

Más allá de todas las incertidumbres que se derivan de las elecciones del domingo 13 de agosto, el hecho tal vez más trascendente para el país consista en saber si de una buena vez podrá librarse de la pesadilla del kirchnerismo, que amén de todos los daños y males que causó, supo construir con inusitada perversidad -tal vez su logro mejor consumado- un relato embaucador, totalmente falso, que tergiversó los hechos y la historia.

El país está hoy obnubilado -tiene su lógica por los riesgos que conlleva- en torno a la irrupción de Milei y sus estridentes declaraciones, pero no debe soslayarse que la transformación se producirá solamente una vez que el kirchnerismo y sus nefastas políticas sean parte del pasado, algo que no está asegurado aún a pesar de su derrota eleccionaria. Argentina no estará liberada hasta que su poder se haya diluido y su falso relato desenmascarado, máxime si logra atrincherarse -como daría la impresión- en la provincia de Buenos Aires.

Asistencia Pública

Dos requisitos fundamentales para impedir su retorno -ante el supuesto de un eventual fracaso de la próxima administración, a lo que apuestan- es impedir que puedan conservar esa provincia, y el otro, en desenmascarar el edificado relato que supieron urdir. Pues bien, el kirchnerismo hincó los dientes del Estado en el campo y en la energía para apropiarse de sus recursos en su beneficio político y frustró las extraordinarias posibilidades de crecimiento que disponían con precios internacionales tan rentables.

Prórroga

Consideró que esos recursos le correspondían al Estado, y a ellos -como cabeza de la administración y grandes benefactores- les cabía la tarea de hacer justicia y repartir esos beneficios displicentemente a la sociedad. Con las retenciones al agro el Estado recaudó e hizo distribucionismo a través de planes, jubilaciones sin aportes, expansión desmesurada de la plantilla pública, y dádivas de todo tipo, con la tranquilidad de que el sector no tenía otra alternativa que producir.

Maratón Independencia

Con los bienes energéticos consiguió que todos los usuarios -pudientes o no- los adquiriesen a valores regalados -en muchos casos, por debajo del costo de producción, o sea, a pérdida para las empresas- lo que liberaba recursos al gran público para consumir en otros rubros. Eso se combinó con un fuerte estímulo a la industria liviana (heladeras, televisores, cocinas y todo tipo de electrodomésticos) conjugándolo con condiciones financieras que impusieron al sector bancario para que esos bienes se vendan a 60 o más cuotas sin intereses.

Planta Asfáltica

Planes sociales y bienes semi-durables comprados con grandes facilidades hizo percibir a buena parte de la sociedad -la de menos recursos- la sensación de “ascenso social”. Pero luego del éxito inicial, ese modelo se agotó por su propia inconsistencia. Los Kirchner regalaron pescado, pero no enseñaron a pescar según el viejo adagio de Paul Samuelson. Dar empleo es enseñar una profesión.

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La estrategia de ir contra los sectores más rentables y competitivos implicó un techo para el agro y una catástrofe en el plano energético. La producción, al no ser rentable, cayó estrepitosamente y el país debió resignar decenas de miles de millones de dólares en la importación de insumos energéticos de los que disponía ingentes cantidades durmiendo en su subsuelo. ¡Una verdadera locura!

Conviene también recordar que durante todos sus mandatos no hicieron más que enviar mensajes desalentadores a la inversión -que es la única vía del empleo-, cometiendo todo tipo de atropellos, que se manifestaron desde el saqueo a los proveedores internacionales de servicios públicos a las estatizaciones de las AFJP -al margen de las deficiencias que podía tener ese sistema- y de YPF, y en la animosidad manifiesta hacia cualquier inversor que no se allanara a sus objetivos políticos.

La película terminó como no podía ser de otra forma: con 10 puntos más de pobreza estructural, con el Estado nacional quebrado, una inflación galopante, la reputación del país menoscabada, y una encrucijada que para salir de ella le exigirá a quien asuma el 10 de diciembre enfrentar al país inevitablemente a una dosis -aunque sea transitoria- mayor de padecimientos. Vaya regalito que deja kirchnerismo, el mismo que gobierna pretendiéndonos enrostrar que son los adalides de la justicia social.

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