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“El Gobierno deja que la Argentina se hunda en la anarquía y el descontrol”…

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Cristina Kirchner - Alberto Fernández
Procrear

Opinión. “Lo que nos dejó la semana

La Argentina parece a veces una inmensa rotonda, una calesita donde reina la anomia y el único argumento es la fuerza, que por momentos alcanza extremos de violencia inusitada. En esta semana que se fue para jamás volver, hemos visto el triunfo de la fuerza sobre la palabra y la ley en distintos hechos, todos recorridos por un común denominador: la toma, el asalto, la violación de aquello que es patrimonio colectivo.

O cuya propiedad está en teoría amparada por la ley (que también debería ser un bien público a preservar). En Villa Mascardi, el ataque y la quema de una casilla de Gendarmería por parte de un grupo armado que se autodefine mapuche puso el foco en una saga. Pero no en una cualquiera, sino en una cargada de vandalismo y destrucción que lleva años escalando ante la pasividad, o la complicidad, de las autoridades.

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En ese marco, dos cabañas que ya habían sido incendiadas volvieron a ser tomadas y destruidas en estos días, como otras del lugar. Los guardaparques, a través de su sindicato, denunciaron “la inacción de la Justicia para, de una vez por todas, detener y procesar a los delincuentes violentos que actúan impunemente en la zona”. Donde reina la fuerza, se pierde la ley. Y así pierden los que respetan la ley: impotentes, frustrados, esperan en vano que el Estado la haga cumplir.

La toma por parte de grupos de alumnos de más de diez escuelas públicas de la Capital también contó con la complicidad o la anuencia de importantes sectores del oficialismo. Cuando estudiantes porteños de clase media montan semejante protesta en reclamo de mejores viandas escolares, cuesta no ver detrás la mano de intereses políticos. Justamente, intereses que se apropian de la rebeldía adolescente, cristalizando en esas mentes frescas lecturas dogmáticas e ideologizadas.

En ese sentido, cabe mencionar que el sindicalismo aporta lo suyo. En forma vandálica, gente de Camioneros entró a las trompadas en una empresa de Sarandí que se niega a bajar la cabeza ante la extorsión del sindicato de Hugo Moyano. En otra escena surrealista, miembros del gremio de trabajadores del neumático tomaron durante más de dos días el cuarto piso de una de las sedes del Ministerio de Trabajo.

¿Cómo debemos entender, por otra parte, el paro de ATE para exigir la incorporación al Estado de 30.000 personas? ¿No es en el fondo, y al margen de las razones del reclamo, otro intento de toma, uno más, de un Estado que en vez de servir a todos es objeto de rapiña por parte de intereses parciales que lo van esquilmando? Otro pico de violencia se vio en la ruta 11, en Santa Fe, cuando los barrabravas de Talleres que viajaban a ver a su equipo bajaron de ocho micros.

Y procedieron a remover un piquete (toma de ruta) del Polo Obrero a puño y tiro limpio, mientras robaban lo que encontraban a su paso. Sin autoridad, sin ley, el país se desliza hacia un virtual estado de anarquía. En ese contexto, el Gobierno, desarticulado, no actúa y habilita un “vale todo”. Tampoco habría que olvidar que los Kirchner intentaron tomar el Estado, que es de todos, en provecho propio.

Desde la Justicia hasta los aviones oficiales que usaban para trasladar muebles, ropa blanca y televisores hasta sus hoteles en el Sur, cuando no bolsos previamente contabilizados por el diligente chofer Centeno. Y es que queda claro que los años de populismo nos han hecho olvidar el sentido del límite, que hace posible la convivencia. También, la responsabilidad que supone todo derecho.

La política, por su lado, perdió la capacidad de mediación entre intereses contrapuestos. Y también se parcializó. En definitiva, por más que suene ingenuo, parece necesario recuperar el viejo ideal de bien común. O seguiremos a los codazos. Para llegar antes del otro y tomar lo que se pueda. Hasta que no quede nada. Pero eso no es todo debido a que la semana que se esfumó para nunca retornar nos tenía guardada una última sorpresa.

Pero una triste debido a que, finalmente, se han conocido los índices oficiales de pobreza e indigencia. El Indec informó que la pobreza alcanzó el 36,5% y la indigencia al 8,8% de la población. En números crudos, la Argentina ostenta la triste cifra de 17.300.000 personas pobres y de 4.130.000 de personas indigentes. Es por ello que es necesario entender que tenemos prácticamente la misma cantidad de personas pobres que los habitantes que hay en la provincia de Buenos Aires.

Entenderlo es sumamente necesario para tomar dimensión acerca de la magnitud del nivel de empobrecimiento del país. Incluso hay más personas pobres en nuestro país que todos los habitantes de Uruguay y de Bolivia juntos. Los números son desoladores. En términos de indigencia (todas aquellas personas que ni siquiera logran alimentarse como corresponde) los datos son aún más aterradores.

Al respecto, cabe señalar que en el país hay más personas indigentes que habitantes en la provincia de Córdoba o similar cantidad de personas que habitan en las provincias de Corrientes, Entre Ríos, Formosa, Jujuy, La Pampa y La Rioja. El conurbano bonaerense también sufre los embates de la inflación y el desánimo teniendo niveles de pobreza e indigencia algo más elevados que la media del país.

El dato que más duele seguramente es el de los más chicos: los chicos de hasta 14 años sufren más que nadie la pobreza: 50,9% de las personas dentro de ese grupo etario son pobres. Para ponerlo en perspectiva hay que decir que en la Argentina hay más chicos pobres que no pobres. Por desgracia la foto que nos ha presentado el INDEC esta semana que se marchó para nunca más regresar nos ha quedado vieja.

Estos datos apenas corresponden a la situación del primer semestre del año. En los meses que no han sido contemplados se encuentra julio –mes en el cual la inflación ha sido del 7,4%- y agosto –aquí la inflación ha sido del 7%-. Septiembre incluso parece no ser un mes mucho más relajado en materia inflacionaria. Los aumentos de precios siempre impactan más en aquellas personas que menos poder adquisitivo tiene.

Lo que implica que probablemente el 36,5% de pobreza y el 8,8% de indigencia que indicó el INDEC para el primer semestre del año 2022 sean solo buenas noticias si uno las compara con lo que estamos atravesando en este segundo semestre en materia de precios. El panorama no es bueno. Incluso ya salieron a la luz las primeras promesas de bonos navideños para los más vulnerables que no será otra cosa que mayor emisión.

En ese sentido, está claro que los índices inflacionarios están siendo condenados a (en el mejor de los casos) sostenerse en los niveles actuales y con ellos, el empobrecimiento crónico de la República Argentina. Hasta que no se comprenda que combatir la pobreza significa mayor educación, inversión y generación de empleo genuino, seguiremos inmersos en un mar de desigualdad.

Con escuelas tomadas por los propios alumnos, empleados que frenan las fábricas ante reclamos sindicales y una economía que ahuyenta inversiones y con ellas la posibilidad de creación de empleo de calidad, probablemente la realidad argentina no transite otro camino que no sea el que nos conduzca a un destino al que no queremos llegar jamás, tal y como quedó evidenciado en la semana que se fue para jamás regresar.