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Las tres preguntas que reciben los economistas

Las liquidaciones de divisas de abril superaron a las del año pasado. Al mismo tiempo creció la demanda de dólares para importar, especialmente energía.

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Banco Central de la República Argentina

Los economistas cuentan que en estas semanas reciben tres preguntas clave de sus clientes dependiendo de qué sector se trate. Una de ellas, y que corresponde a los empresarios industriales, es: ¿El Banco Central me venderá los dólares para poder pagar las importaciones que tengo previstas hasta fin de año? Esa se complementa con otro tema más sensible que alcanza tanto al sector privado como a los funcionarios del gobierno.

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Y es que, a pesar de las afirmaciones del ministro Martín Guzmán, dudan sobre el abastecimiento fluido de gas en el invierno. La segunda pregunta proviene de los bancos, clientes sensibles para cualquier economista, y tiene su origen en un comportamiento palpable en los últimos meses que es el ritmo de aumento de la deuda pública en pesos. El interrogante se resume de esta manera.

Si la deuda que está en el mercado llega a $4 billones (también está la de los bancos y organismos públicos, que ronda otros $4,5 millones, y los $5,2 billones del Banco Central en Letras de Liquidez, Leliq), y se actualiza mayoritariamente por la inflación, ¿No se está gestando una “pelota” enorme de deuda que terminará siendo impagable y, por tanto, se defaulteará? A esa altura pareciera que es poco el margen que queda para el temor.

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Pero la tercera pregunta es si la Argentina se encamina inexorablemente hacia otra hiperinflación. Los tres interrogantes se dan en medio de una situación particular caracterizada por cierta estabilización financiera que podría sintetizarse en que están entrando dólares a la Argentina. Parte del ingreso de divisas se fundamenta en que la invasión rusa a Ucrania se traduce en otra suba de los precios de las materias primas y especialmente en los granos.

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La soja volvió a los US$620 la tonelada, y el trigo y el maíz están en niveles altos. Así, en abril las liquidaciones de las exportaciones agropecuarias alcanzaron los US$1.504 millones, superando las entradas de 2021, pero el dato no deja mucho margen para el festejo. El año pasado, en el mismo mes, el Banco Central había comprado US$882 millones y ahora sólo logró absorber unos US$80 millones, el 10%. ¿Es que todo lo que entra, se va?

La búsqueda de dólares a precio oficial sigue siendo el bien más preciado de los empresarios que necesitan importar, aun cuando el Banco Central aumentó a casi 4% el ritmo de la devaluación. Y este año, además, el fantasma de la necesidad de dólares para importar se concentra en la energía. Ya en febrero el Central tuvo que desembolsar divisas para comprar gas importado.

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Por ahí va una de las respuestas a la primera pregunta que, a su vez, se engarza con la segunda de la mano de la suba de la tasa de interés que dispuso el Banco Central para cumplir con lo acordado con el FMI. Después de la pésima noticia del 6,7% de aumento del costo de vida en marzo, el Central subió 2,5 puntos la tasa de la política monetaria para llevarla a 47% anual.

Que es un 3,9% mensual, dejando en claro que su intención es correr de atrás a la inflación. El Central devalúa casi 4% y alinea la tasa en casi 4% mensual, y perfila un esquema que queda abajo de 5%, que es la inflación proyectada para este mes, pero aleja el fantasma de una hiperinflación. Con dólares del FMI y del campo entrando, y el cepo cambiario, Miguel Pesce busca bajar las expectativas de una disparada de la inestabilidad. ¿Es poco ambicioso?

Probablemente, pero la magnitud de la crisis política-judicial cree que no le deja margen para riesgos. Además, cada suba de la tasa multiplica el monto de intereses sobre una deuda pública en pesos que crece aceleradamente y con vencimientos concentrados mayoritariamente desde ahora hasta abril de 2023. El acuerdo con el FMI está actuando como estabilizador de corto plazo de la situación financiera. La fragilidad de la moderada estabilización de las últimas semanas es enorme y la tensión política entrará en disputa con el fortalecimiento de las reservas del BCRA.

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